viernes, 16 de agosto de 2013

Tiempo Adicional - Bitácora 13

Después de los 70 años
Tiempo adicional
Escribe: Hugo Tafur
(peruano)

Lo dicho, el tiempo es inexorable, nada puede detenerlo… desde que nacemos y emprendemos el viaje, ya no hay retorno; cuando una persona tiene la dicha, o la suerte, de cruzar el paralelo 70 de su vida sin pérdidas traumáticas o enfermedad, pienso, ya es un triunfador… en mi caso, salvo uno que otro dolor hipertrófico que no me limitan, me siento bien, pero seguro, con algunas cicatrices en el cuerpo y en el alma, porque sería demasiada fortuna transitar este largo sendero por la jungla del mundo y no tener huellas; sin embargo, como persona, soy conciente, que el tiempo siguiente que debo caminar es tiempo suplementario, adicional a mi existencia, aún que física y psicológicamente me sienta en estado óptimo. La Biblia, en su sabiduría rectora, como guía de ese camino, señala en salmos 90:10: “En si mismos los días de nuestros años son setenta años; y si debido a poderío especial son ochenta años,”… no hay duda, habrá limitaciones después de este cumpleaños o comenzarán aflorar… y el espejo que no miente, cada mañana, con la oración canora de las aves, me dirá sin adornos ni dobleces: ¡Tu juventud, se ha ido!

El hombre común que llega a los 70 años, lo hace casi sin sentirlo, ha estado tan ocupado en el trabajo, en la familia, en los hijos... o en la bohemia y en la vida sin sentido, que no ha advertido que la vida se compone de tiempo, y que este como dice la filosofía popular no pasa en vano... los cambios biológicos que se han ido produciendo en su organismo a medida que envejecía apenas los ha percibido; llega más bien, cargado con una serie de conceptos transmitidos por las generaciones anteriores que en su mayoría son falsos y que muchas veces, son los causantes de temores y preocupaciones que le traen sufrimiento; uno de ellos por ejemplo, está relacionado con la sexualidad, como si esta vigencia, fuera lo más importante de la existencia humana, estas personas, tardarán en apreciar y comprender, o quizá nunca, que las cosas más bellas de nuestra existencia, no son tangibles, no se pueden ver, se sienten en el corazón.   


El Dr. Jeffrey, es un ejemplo, cuerpo de joven, rostro de
adulto, que supera la edad biológica
Con los avances científicos actuales y la calidad de vida que la humanidad ha logrado en el siglo pasado y en el que estamos transitando, han modificado los parámetros de esperanza de vida, incrementando por ensayar un ejemplo, la posibilidad de superar la varilla de salto alto a más edad, se ha hecho posible; al grado, que con todo el conocimiento que dispone la ciencia, se hace difícil, establecer el segmento de la “tercera edad” en términos biológicos y decir cuándo empieza. El mundo ha contemplado, sino con estupefacción, pero si con mucho optimismo, el nacimiento de una nueva franja social que es una novedad demográfica: La sexalescencia, hombres y mujeres de 60 a 70 años, que antes se sentían y eran llamados viejos, prefieren graciosamente ubicarse en la parcela de los de “la edad de juventud acumulada”, pues después de haber cumplido como padres y haberse jubilado, viven a plenitud su existencia. Cuidar el cuerpo y la alimentación puede hacer la diferencia, ya que gravita grandemente en nuestras posibilidades, alejando trastornos producto de la edad o la ansiedad.

¿Pero, eso es todo? Nacer, crecer, reproducirse y morir… pasar por la vida, sin saber que pasamos… para nadie que estime su existencia y lo haya razonado, se le escapará el detalle, después de nuestra cuarta generación quién se acordará de nosotros, en ese momento seremos polvo, parte de los diferentes elementos químicos de lo que esta compuesta la tierra, nuestro recuerdo se habrá borrado; sin embargo, hay algo en la profundidad de nuestro ser, de nuestro corazón, que nos hace desear la eternidad, quisiéramos vivir para siempre, con salud y juventud. ¿Entonces? Es una desgracia el morirnos, es allí, donde empiezan a surgir muchas preguntas y no tenemos ninguna respuesta… Bueno, yo diría, que sólo una,  en ella, se nos explica porqué envejecemos y morimos, y se encuentra en la Biblia… pero como ella misma dice, lo peor no es morir, sino lo peor que nos puede ocurrir a cualquier ser humano que haya llegado a esta gigantesca nave espacial que es la tierra, es pasar por ella, sin dejar huella de nuestro paso, sin haber... acumulado tesoros espirituales.

En esa dirección, siempre me cautivó y lo tengo presente, una frase que escuché de mis mayores: “Es bueno ser importante, pero más importante, es ser bueno”, que implicaba para nosotros, ser felices, buscando el bien de nuestros semejantes; o lo que era lo mismo, que antes de buscar ser admirados, debería ser más deseable tener el respeto de las personas, ya que finalmente, como lo aseveró el Señor Jesús, serán nuestras acciones y no nuestras palabras, la que finalmente nos harán ganar la aprobación de su Padre Celestial… En todo caso, cuando llegue el momento de mi partida, quisiera tener la suficiente lucidez espiritual para agradecerle a Dios, su mano oportuna, que estuvo allí justa para salvarme de los peligros que me asecharon en la vida… levantándome cuando me caía; también, para agradecerle la opción del duro trabajo, que me enseñó, que nunca cosecharía el fruto dorado, maduro y digno, si antes no lo regaba con el sudor de mi esfuerzo y honradez. Amé y fui amado, a todos los que me dieron amor, les pagué con amor; a los hijos, con los que el Divino me bendijo, los cuidé, los protegí y les enseñé a volar libremente como las aves del cielo, jamás coacté su libertad y libre albedrío, argumentando mi propiedad... parodiando a Nervo diré entonces: “Vida, nada te debo, vida, estamos en paz”… anhelo para mi como tumba, el inmenso mar, mis cenizas deben ser arrojadas en la "Bocana Grande" de mi puerto, donde juguete del viento y de las olas, terminarán por fundirse con mi Chimbote querido... en cuyas playas, desde niño, fui inmensamente feliz... a mi "Pueblo Chiquito", le agradezco el honor, de haber sido el lugar donde vi la luz primera. Amén.

CRÉDITO: Las gráficas que ilustran, han sido tomadas de internet.

Ashikagashi, Sukedo Higashiyama, miércoles 14 de agosto de 2013
Archivo BITÁCORA 13 (14.08.13) Tochigi Ken – Japón
Revisada par el Blogger (JAPÓN – 88-20110816) Ashikagashi

lunes, 12 de agosto de 2013

LOS MÁRTIRES DEL PUENTE GÁLVEZ (Chimbote)

Chimbote 14 de junio de 1960
Los mártires del Puente Gálvez
Escribe: Hugo Tafur (*)1
(peruano)
Por varios años, los chimbotanos hemos contemplado el monolito que se levantaba en el lado derecho del ingreso norte, al puente “José Gálvez” de nuestro puerto… enhiesto, altivo, acusador. Porque su presencia, era eso, un perenne recordatorio de aquella gesta laboral, donde las balas de la represión, cegaron la vida de Roberto Pajuelo, Santiago Reyes, Luis Obeso y Ezequiel Pereda, sin contar los heridos que quedaron luego de esa criminal refriega propiciada por las fuerzas del orden, las que supuestamente están para cuidar y proteger a la ciudadanía, pero que en nuestro país como en muchos de Sudamérica, las armas que esgrimen, siempre apuntan fraticidas contra el pueblo. Esta violación de los derechos humanos y de los peruanos en particular, es desde hace mucho, la forma de acallar a quiénes osen reclamar sus derechos; la historia laboral en nuestro país, esta escrita en los distintos gobiernos, con derramamiento de sangre y pérdida de vidas humanas, como un tributo que el pueblo paga, para lograr comer pan con dignidad. El monumento en referencia, fue erigido al principio de la década del setenta (1961-70), como homenaje a los cuatro mártires, que cayeron abatidos justo en ese lugar.

Ubiquemos el escenario, de esta tragedia: Chimbote junio de 1960… La población porteña respiraba intranquilidad, los trabajadores siderúrgicos desarrollaban su primera huelga general indefinida, cuyo desarrollo, alteraba y modificaba la vida de la ciudad; sin embargo, convencidos que les asistía la razón a los hombres del acero, Chimbote, los apoyaba y expresaba opinión favorable. Pasaban los días, y la empresa SOGESA, no cedía en su determinación de no discutir el pliego de reclamos de ese año, desconociendo incluso, el primer convenio firmado el 30 de junio de 1959,  donde figuraba el aumento por costo de vida, aceptado de mutuo acuerdo entre Empresa y Sindicato, y que a la letra decía en la cláusula segunda numeral “d) El costo de vida se calculará cada primero de febrero, teniendo en cuenta las cifras que acuse la Dirección Nacional de Estadísticas, a razón de 5% por cada diez puntos. El año base es el de 1958…”; esta actitud, en asamblea general, fue considerada como una mofa y falta de respeto a la clase trabajadora, por lo que se decidió iniciar en la segunda quincena de mayo una huelga general… la llama votiva, de la industria siderúrgica se apagaba por vez primera y el cielo de Chimbote, con trazas de luces, nos mostraba una pintura abstracta de indefinida interrogación.

Se vivían los primeros días del mes de junio de 1960, la Empresa SOGESA no cedía, se mantenía intransigente y se negaba a resolver la controversia, evidenciándose cierta arrogancia en el trato de quién se cree superior; pretendía acaso, al dilatar la solución de la huelga, doblegar la moral combativa de los siderúrgicos, agotándolos económicamente y venciéndolos por falta de recursos para seguir manteniendo su postura. A esa altura de la medida, también confiaban que el desaliento traducido en “amarillaje” propiciaría la ruptura de la huelga, con el retorno en estampida de los siderúrgicos vencidos; su invidencia e insensibilidad, los hacía alucinar una derrota que estaba muy lejos de ocurrir, su ceguera no les permitía ver el cordón umbilical que unía al pueblo chimbotano y los trabajadores siderúrgicos… mentes lúcidas y perspicaces de los hombres del acero, rápidamente establecieron, que esa actitud displicente estaba diseñada y respaldada desde el mismo gobierno, por lo que consideraron que había que dar respuestas más contundentes, ya no eran suficientes, las marchas aisladas de los siderúrgicos por las calles del puerto, haciendo escuchar su razón y su protesta…

Gobernaba el país, por entonces, en segundo período no consecutivo (1956-62), don Manuel Ignacio Prado Ugarteche, quién había llegado a palacio gracias a su alianza con el APRA, partido liderado por Víctor Raúl Haya de la Torre y que a la sazón se encontraba proscrito; por cuyo motivo, a ese gobierno se le conoció como “el Gobierno de la Convivencia” por sus “amarres” y “enjuagues” políticos, efectuados en un clima de agitación, debido a la crisis económica cada vez más extrema, lo que motivó una férrea oposición, del partido “Acción Popular”, liderado por Fernando Belaunde Terry, y por parte de los diarios “El Comercio” y “La Prensa”; sin embargo, con gran capacidad de maniobra política, el presidente Prado, convocó a diferentes personalidades políticas, a fin de estabilizar su gobierno, entre ellas al liberal, Pedro Beltrán Espantoso, director del diario “La Prensa”, quién de ser su acendrado opositor y crítico, pasó a ser su aliado, con el cargo de Ministro de Hacienda y presidente del Consejo de Ministros. Para superar el estado complicado del gobierno, Beltrán, tomó una serie de medidas, cuyas consecuencias las sufrió el pueblo, que se debatía en la miseria. El descontento popular, era innegable, las huelgas y protestas menudeaban, la entidad gubernamental las acallaba de manera cruenta.

En nuestro puerto, la pretendida burla y escamoteo de los derechos reclamados por los siderúrgicos, estaba propiciando una de las unidades más hermosas y significativas que se recuerde en la provincia del Santa y que años después, se reeditaron una y otra vez, en las diferentes huelgas que le cupo asumir a los hombres del acero; pronto el gobierno y los directivos de la empresa SOGESA, sentirían el poder del “Poder Popular”… el estimado débil y solitario Sindicato de Obreros Siderúrgicos, se tornaría poderoso, al concurrir en su apoyo sus hermanos de clase y el pueblo de Chimbote… hecho que los obligaría a sentarse en la mesa de negociaciones, para resolver el problema que habían generado.

En decisión inteligente, los directivos del sindicato de los hombres del acero buscaron y convocaron el apoyo y solidaridad de las fuerzas sindicales de la provincia del Santa, los primeros en responder fueron los bancarios, mediante su Centro Federado de Chimbote, quiénes proponen un paro de 24 horas, decisión que suma, al Sindicato de Empleados de SOGESA. Después, el apoyo solidario a la huelga indefinida de los obreros siderúrgicos se generaliza, sobre todo, teniéndose en cuenta, que 19 valientes obreros se encontraban en huelga de hambre, lo que motiva que los sindicatos agrupados en la Unión Sindical Provincial del Santa (hoy FESIDETA) consideraran de urgencia el paro provincial; y es así, que de inmediato los sindicatos de conserveros y harineros de pescado, los hoteleros, los de la Corporación Peruana del Santa, los campesinos de Tambo Real, Rinconada, Suchimán y San Jacinto, decretan el día 10, un paro de 24 horas para el 14 de junio de 1960, considerando que el fin de la Primera Huelga General Indefinida de los Obreros Siderúrgicos, no podía posponerse más, programando una gran movilización de trabajadores, acompañados de sus esposas.

Ese 14 de junio, quedaría marcado como histórico, tal como lo decidió la entidad matriz, los sindicatos y el pueblo de Chimbote, se movilizan expresando en las calles su solidaridad activa con los siderúrgicos en huelga, miles de bancarios, conserveros, hoteleros, pescadores, campesinos, encabezados por los siderúrgicos y sus esposas, en una marcha de por si imponente, no sólo por la convocatoria, sino por el número  que cubría varias cuadras “de bote a bote”, todos expresando con su presencia y viva voz, su exigencia… A pesar de lo gigantesca, toda la marcha transcurrió dentro de un orden aceptable y después de escuchar y de hacer escuchar a las autoridades la palabra de los dirigentes en la Plaza de Armas, se decidió el retorno en forma ordenada, al local sindical de los siderúrgicos.
La algarabía era evidente, el paro provincial había sido contundente, nada se había movido en la provincia de Santa… La marcha retornaba por la avenida Gálvez, pronto comenzarían ascender el Puente José Gálvez, rumbo al local sindical, quiénes marchaban a la cabeza, no sospechaban que un chacal “loco”, sediento de sangre, los esperaba agazapado para clavarles sus feroces fauces… sólo faltaba una cuadra, cuando de pronto, en 5 esquinas, donde el jirón Manuel Ruiz y Gálvez, se cruzan, apareció de improviso para impedirles el paso, las fuerzas policiales al mando de un oficial de apellido Merino, provocando un enfrentamiento innecesario y desigual, la Guardia Civil con armas de fuego y los manifestantes con la fuerza de su unidad y solidaridad… En ese enfrentamiento desigual, caen abatidos por las balas: Roberto Pajuelo, Santiago Reyes, Luis Obeso y Ezequiel Pereda, 4 hijos del pueblo y muchos heridos, estos lamentables hechos no amilanó a la gran masa de manifestantes, más bien los acicateó para retomar la protesta con mucho coraje y arrojo… retornando al centro de la ciudad, a su paso, dieron vuelta a algunos vehículos y les prendieron fuego, tuvo que suceder estos cruentos hechos para que la Empresa se sentara a tratar con la comisión esa misma tarde, en la ciudad de Lima.
Luego de un breve intercambio de opiniones, la representación de la Empresa, acepta otorgar el aumento por costo de vida, y discutir los puntos de condiciones de trabajo contenidos en el pliego de reclamos; consecuentemente, la representación sindical acepta levantar la huelga el 16 de Junio de 1960, pero la reincorporación al trabajo se efectuaría el 17 de Junio, después del entierro de los caídos en la histórica jornada de lucha. Firmaron el acta, del acuerdo final, por SOGESA: Dr. Andrés Aramburú, Sr. Juan Manrique de Lara, Dr. Carlos Antunez de Mayolo, por el SINDICATO firman: Dagofredo Lara Melgarejo – Secretario General, Federico Kisijara –Secretario de Defensa, Orestes Coral – Presidente Comisión de Pliego, Alejandro Tirado – Secretario de la Comisión, Manuel Loayza – Vocal. De la Comisión, Mario Gordon  – Vocal. De la Comisión y Anatolio Cadillo – Delegado Hidroléctrica Huallanca.
Al recordar esa gloriosa gesta, queremos expresar nuestro reconocimiento al bravo pueblo de Chimbote, cuyo apoyo y solidaridad en las luchas laborales, ha hecho respetar el sagrado derecho de los porteños, a comer el pan de la dignidad y justicia. Igualmente, para solicitar a la gloriosa FESIDETA, interponga sus buenos oficios, para reponer en el lugar que siempre debió estar, el monolito en homenaje a los mártires obreros, que se inmolaron aquel lejano 14 de junio de 1960. Gloria eterna, a ellos.
(*)1.- Agradecimiento: A mi amigo Almagro Gil Suárez, ex dirigente del glorioso Sindicato de Obreros Siderúrgicos de Chimbote, con cuyas precisiones, terminé está crónica que permanecía inédita hace años.  

CRÉDITO: Foto tomada de internet.

Chimbote, 14 de junio de 2000
Archivo BITÁCORA 13 (15.06.2000) Chimbote
Revisado para el blogger (JAPÓN 87-20130614) Tochigi Ken

domingo, 11 de agosto de 2013

BANDEROLAS - Niños de la Calle - Bitácora 13

Niños de la Calle
BANDEROLAS
Escribe: Hugo Tafur
      (peruano)

Es madrugada en el puerto, una lluvia fina y persistente va dejando su huella en las aceras y en el asfalto de las calles, tornando su superficie húmeda como espejo, donde se reflejan mortesinas las luces de los postes de alumbrado, cuyas farolas al amanecer, pierden su luminosidad al ser opacadas por ese humo pestilente que arrojan las fábricas pesqueras, niebla industrial que invade inmisericorde las arterias de nuestra ciudad… dándole a los profanos, el razonar simplón, que “cuando Chimbote huele feo es por que hay plata”, superficial  reflexión, acuñada quizá para justificar el asesinato de nuestra bahía, pero sin el conocimiento de todo lo que  implica esta polución atrapada en nuestra ciudad… Han transcurrido casi 40 años, desde que se inició el boon pesquero en nuestro puerto, ¿dónde está el progreso que ha dejado la depredación de nuestro mar? Si observamos con detenimiento las calles y los barrios periféricos de nuestro Chimbote, ahí encontraremos la respuesta descarnada… es madrugada, apretujados sobre unos cartones, en un recoveco cualquiera de un edificio del centro, duermen cuatro niños…

Estamos 24 de diciembre de 1977, esta noche es Nochebuena, Chimbote luce conmovido… hace 19 días que los siderúrgicos obreros y empleados se declararon en huelga general indefinida, la Empresa Siderúrgica del Perú - Siderperú, en evidente burla, se negó a reconocer los pactos y convenios laborales firmados de mutuo acuerdo, lo que no dejó a las dirigencias otra alternativa, que convocar de inmediato a una urgente asamblea general conjunta para el 05 de diciembre, fecha en la que por unanimidad los hombres del acero, decidieron la medida de lucha en la que se encontraban. La historia se volvía a repetir, parecía el sino de los últimos 20 años, los siderúrgicos volvían a levantar su consigna “Sólo con la lucha, al pueblo se le escucha”, tendrían una vez más que arrancar sus conquistas laborales con lucha viril, para ello se mantenían solidamente unidos, incluso era notorio, Chimbote, expresaba su simpatía por los hombres del acero y muchos porteños no siendo siderúrgicos y muchas dirigencias barriales se sumaban a las protestas y marchas.

Respecto a otras noches, la sede sindical ubicada en la última cuadra de la avenida José Gálvez, luce despoblada, una decena de personas voluntarias acompañan a la guardia sindical nocturna de ese día… el grueso de los hombres del acero, se han marchado a sus casas a recibir la Nochebuena en familia… En una mesa pequeña, seis siderúrgicos matan el tiempo jugando a las cartas; otro pequeño grupo, recostado sobre unas bancas, charlan sobre el estado de la huelga; afuera, en el fogón donde se prepara la “Olla Común”, la valerosa compañera Sarita y dos damas más, se esfuerzan por tener lista la leche con chocolate para los compañeros de guardia, quiénes se mantienen alertas, quizá temiendo, que la policía venga esa noche a querer tomar la sede sindical, que ya lo habían intentado en días anteriores; por ello, aparte de las chapas, la rejas lucen encadenadas. El tiempo inexorable avanza, los relojes marcan las 12 de la noche… ¡La Navidad ha llegado!.. Todos los presentes se abrazan, deseándose mutua felicidad y hacen votos, porque el Niño Jesús, pronto bendiga con el triunfo y se termine la huelga…

Había dicho, que la sede sindical siderúrgica esa noche lucía desierta, pero me corrijo, el mañana hecho niñez, duerme placidamente sobre las banderolas de tela y cartón con que los siderúrgicos salen a protestar y mover su huelga por la calles de la ciudad; en un ambiente junto a la sala de reuniones, la secretaría de prensa y propaganda guarda todas sus banderolas, fue el lugar, que los “niños de la calle” habían elegido con el derecho que les da ser hijos del pueblo, para pernoctar y guarecerse de las inclemencias del tiempo; allí, con la inocencia de su edad... fatigados, agotados, hambrientos, sin que nadie se percatara, se escondieron y se quedaron dormidos sobre las banderolas sindicales, sabiéndose seguros en el local de sus “hermanos siderúrgicos”... Mayúscula sorpresa, cuando alguien los descubrió... ellos mismos, en estado de abandono, son banderolas vivas de protesta de una niñez no atendida en sus derechos por el Estado, que inoperante e incapaz, cierra los ojos indiferente ante las pomposas declaraciones de entidades internacionales y múltiples leyes emitidas a favor de la niñez … nuestro futuro, yace dormido en el suelo.        

Las compañeras, al enterarse de la presencia de los niños, apuraron la atención a la guardia nocturna del sindicato y a los pocos voluntarios que acompañaban, y de inmediato, imbuidas de ese sentimiento de madres, se abocaron a preparar una mesa con ocho tazones de chocolate con leche, sendas porciones de panetón y algunos trozos de pollo a la brasa; luego despertaron a los niños, que en la inconciencia de su sueño, como movidos por un resorte,  todos se levantaron a la vez… la voz serena de la compañera Sarita, los terminó de tranquilizar y la siguieron a la mesa que las buenas mujeres habían preparado para ellos; al verlos llegar, un viejo siderúrgico dijo en voz alta ¡Feliz Navidad, niños! Y se acercó abrazarlos, escena que fue imitada por todos los presentes y  que los niños recibieron con agrado y ya sin temor… poco después, disfrutaban de su cena navideña. La casualidad y las circunstancias, habían traído a estos ocho niños, que reflejaban en su rostro infantil la mirada del Niño Jesús… quizá como un mensaje de fe y esperanza, el triunfo de nuestra huelga. Así sea.

Chimbote, (Nochebuena) 24 de diciembre de1977.
Archivo BITÁCORA 13 (26.12.1977)  Chimbote
Revisado para el Blogger (JAPÓN 86- 20130811) Ashikagashi

miércoles, 7 de agosto de 2013

Eleodoro Córdova Gottfried - Bitácora 13


Eleodoro Córdova Gottfried
Un adiós de aflicción y esperanza
Escribe: Hugo Tafur
       (peruano)
Lejano y afligido, me llega el grito de esperanza escrito por Manuel Ríos Mantilla, en la última línea de su nota de despedida al amigo y colega, Eleodoro Córdova Gottfried: “¡Cuando un periodista muere, nunca muere!”. Me quedo pensativo… y la frase repetida por el eco, alucino escucharla reproducirse en el ambiente de nuestra hermosa bahía “El Ferrol”; mientras, las voces broncas de los curas de nuestras iglesias, elevan su plegaria por el descanso eterno del colega que se marcha… es cierto, los periodistas auténticos nunca mueren, la única muerte verdadera, es el olvido, y lo que es evidente en nuestro puerto, es que a los combatientes dignos de la pluma, no se les olvida… seguirán morando, junto a los periodistas que le antecedieron, en la marquesina fraterna del recuerdo de los chimbotanos y  de su institución... su espíritu, ubicado en alguna estrella sobre el cielo de la ciudad, seguirá brillando, porque como dijo Manuel, "cuando un periodista muere, nunca muere".

Para los que conocimos la "vieja guardia de la pluma" chimbotana, no es un secreto el profesionalismo de "Lolo" y el espíritu combativo que siempre lo caracterizó, desde su época de redactor del Diario “El Faro”, como corresponsal y como director del Diario “Las Últimas Noticias”; para nadie que lo tratamos y lo seguimos como sus lectores, podemos olvidar, las duras polémicas en la que se enfrascaba en defensa de la ciudad, demandando de sus autoridades más identificación con la problemática que entorpece y frena el desarrollo de Chimbote. Hay que reconocerle también, la defensa cerrada que mantenía contra los depredadores de la pesca, conminándolos a respetar, la normativa para la captura y explotación de nuestra riqueza marina; su consecuencia, lo llevó muchas veces a encarar a malos magistrados, que suministraban a todas luces, justicia torcida, amañada y parcializada, en una institución en evidente estado de descomposición. El amplio conocimiento que dominaba, se extendía a lo local y a lo nacional, opinando y fiscalizando con autoridad, sobre distintos temas de interés. Eleodoro Córdova, era un ejemplo a seguir como periodista, pues era un  maestro del poder de opinión.

Eleodoro, como hombre, padre y amigo, tenía para mí una calificación sobresaliente, que superaba en mucho cualquier defecto que se le pudiera haber atribuido… conozco a su hermano Augusto y sus hijos César y Elsa Córdova Ponce... jamás he olvidado, el amor con que Elsita su amada hija, pronunciaba su nombre, expresando su orgullo por su padre… este cariño entrañable, también lo he percibido en su nieta, Nicole Córdova Rodríguez, quién conciente de la gravedad de su amado abuelo, no dudó en convocar por internet a “una cadena de oración” en pro de su salud. No podemos desconocer estas manifestaciones de afecto, solo se dan en un contexto de profundo amor, lo que nos configura un padre y un abuelo amado. Como amigo, baste las decenas de expresiones expuestas, por colegas y amigos ante el dolor de su partida, todo esto confirma, la persona que era nuestro amigo, Eleodoro Córdova Gottfrield.         

En medio de mi cavilación surge una interrogante, busco entre la bruma del tiempo la respuesta y trato de recordar cuando conocí a Eleodoro, quién me lo presentó... de primera instancia, no atino ubicar ese momento, desfilan por mi mente antiguas vivencias, amigos y lugares, los escenarios de las diferentes radios que existieron en nuestro Chimbote de ayer, y finalmente me centro, en Radio Chimbote, Cadena Nacional Radio Victoria, ubicada inicialmente en la quinta cuadra del jirón Francisco Bolognesi, en una casa estrecha de madera, regentada como administrador, por el periodista, Jorge Gil Hervias Sánchez, director de la revista “Colectividad”; o  posterior, la misma Radio Chimbote, ubicada en la segunda cuadra del jirón Manuel Villavicencio, junto a la sastrería "Excelsior", ya administrada por los señores: César Noriega y Juan Colquicocha Agreda; en ese reducto,  viene a mi memoria, el periodista de Radio Nacional, que se aposentó en Chimbote, Ignacio Navarro Cossío, quién dirigia "La noticia, el comentario y el humor" y la revista "Enfoques", y  en algún momento de nuestra historia local, rivalizó con el señor Miguel Mohana, al postular ambos para la alcaldía de Chimbote; también, las figuras del Dr. Manuel Torres Vásquez, José Pascual Bueno, Alejandro Torrejón Casana, Juan Albites Mendoza, Alfonso “Pocho” Apéstegui, Víctor Ignacio Ávalos, Juan Castillo... Pero ¡Claro! Fue mi amigo, Carlos Antonio Romero, el empresario artístico, que traía para el coliseo “Chimbote” a los artistas de moda de esa época, quién nos presentó.

Quiero finalmente, expresar mis sentidas condolencias a la familia Córdova, de modo particular a César y Elsita Córdova, esta última como dije, entrañable amiga, con quién compartimos horas, días y años de labor, en la Empresa Siderúrgica del Perú – Siderperú; al Centro Federado de Periodistas de Chimbote, su institución matriz de periodista y a todos y cada uno de sus miembros federados, para todos mi sentido abrazo solidario... ¡Requiéscat in pace, Eleodoro!.. Dios, te acoja en su gloria.

CRÉDITO: Logo y foto tomada de internet "Chimbote en Blanco y Negro"

Japón – Tochigi Ken, 07 de Julio de 2013
Archivo BITACORA 13 (07.07.13) Ashikaga Shi
Revisado para el Blogger (JAPÓN – 85-20130807)

lunes, 29 de abril de 2013

EL DERECHO DE NACER - Bitácora 13

Ley sagrada
El Derecho de Nacer

Escribe: Hugo Tafur
       (peruano)
Hoy, al llegar a mi oficina del diario, fui sorprendido por la presencia de dos mujeres jóvenes que me interceptaron en la puerta y me rogaron que las escuchara. La más joven, apenas tenía 18 años y la amiga que la acompañaba 21 años -esta última, era la más expresiva- ya en mi oficina, más serenas, las invité a que me contaran el problema que las traía, a una seña de la mayor, la menor me refirió: “Tengo 18 años y estudio el primer año de Derecho, en Trujillo; hace cuarenta y cinco días, que me di cuenta que estaba embarazada, lo que me sorprendió y me dio mucho miedo, pero igual, se lo comuniqué a mi novio que tiene 20 años, quién recibió la noticia con mucha alegría, actitud que me fortaleció, para poder enfrentar el problema; sin embargo, el verdadero problema recién se ha manifestado, a partir, que mi novio hizo conocer nuestra situación a sus padres. Ellos, se negaron rotundamente aceptar mi maternidad, más luego cambiaron, y con ruegos me pidieron que me sometiera a un aborto, con el argumento que su hijo es muy joven para asumir tal responsabilidad, ante mi firme negativa, en los días subsiguientes se mostraron muy agresivos, para luego nuevamente cambiar, mostrándose amables y comprensibles. Ayer, fui invitada almorzar con ellos, más al estar a punto de salir hacia su casa, fui advertida por uno de sus familiares que no lo hiciera, pues tenían el plan de darme unas pastillas para hacerme dormir y en esas condiciones, ser conducida a un aborto. La verdad, es que tengo mucho miedo, sin embargo estoy decidida a defender la vida que llevo en mí vientre, así sea sola… ya que mi novio, cobardemente, desde que sus padres intervinieron, se niega a verme y apoyarme.”

Cuando se retiraron, lo hicieron menos nerviosas, más serenas y caminando con la seguridad de haber encontrado nuestro apoyo y de nuestro Diario… sentí mucha satisfacción el haber apostado por la vida... el médico que llevo desde mi niñez, salió en defensa de esa criatura inocente que incubada en el antro materno de una madre valiente, reclamaba el sagrado derecho de nacer… el drama que conocí en mi niñez y que me hizo optar para siempre por el deseo de ser médico se repetía de alguna manera; dicho anhelo, nació en medio del afán de mis mayores por proveerme lectura, había aprendido a leer muy temprano y ellos querían seguir incentivando ese hábito, suministrándome libros de la colección de Emilio Salgari, Thor o Juvenil Cadete. Un buen día, mi madre, encontró en folletos todos los capítulos de la novela “El Derecho de Nacer”, del compositor y escritor cubano Félix B. Caignet, al leerla, me impactó tanto la historia que la leí varias veces de principio a fin… y en cada nueva ocasión, mi deseo por ser médico se acrecentaba, confirmándose, cuando llevada al cine (1952) años más tarde, especté la película en blanco y negro: “El Derecho de Nacer”, protagonizada por Jorge Mistral, Gloria Marín, Lupe Suárez, etc.

El argumento publicado 1948, se ubica en la primera mitad del siglo en Santiago de Cuba. La cinta se inicia, con un diálogo que me voy a permitir transcribir y que en buena cuenta sintetiza lo voluble de nuestra sociedad, la manera egoísta, superficial, irrespetuosa e inhumana, con que ve la vida en el interés de esconder la decadencia moral y pasar por dignos y respetables. El diálogo ofrecido, es sostenido por el doctor Alberto Limonta y la joven María Teresa, esta última, perteneciente a la rancia aristocracia cubana de esa época, quién busca al médico amigo, para que le ayude a esconder la vergüenza de tener un hijo sin haberse casado, practicándole un aborto, del cual, de hecho, no sentía ningún remordimiento :

-         Doctor, usted es el médico de mi familia, conoce nuestras relaciones… el lugar    que ocupa en sociedad; por todo eso, por mi familia, por la sociedad a la que pertenezco, vengo a suplicarle que salve mi honor o seré capaz…
-         ¡María Teresa!..
-         No podría soportar el desprecio de todos… mi propio desprecio, si llegara a nacer... ¡Compréndame! Dese cuenta de mi situación, vine a buscar al médico, al amigo…
-         ¡Y al asesino!
-         ¡Pero doctor!
-         ¡Al asesino, he dicho! Viene a buscarme, para que en nombre de un sociedad mentirosa y falsa, mate a un ser que tiene derecho a nacer, a vivir la vida que usted y su cómplice le dieron en un momento de egoísmo o de vicio.
-         ¡No doctor, de vicio no!.. Fue una locura de amor, ceguera de amor…
-         ¡Locura! ¿Ceguera de amor? Por que no lo llama mejor ¡perversión moral! Porqué en vez de querer asesinar a un inocente… no queda bien ante Dios y ante el mundo, casándose con el padre de su hijo.
-         Se trata de un hombre casado, para quién el divorcio es imposible… No soy digna de piedad.
-         ¡De piedad no, María Teresa! Digna de admiración, tener un hijo, es recibir la condecoración divina que pone Dios en las entrañas de la madre.
-         ¡Sí! Pero en mi caso no es posible doctor… ¡Tiene, que librarme del escándalo! ¡Tiene, que salvarme!
-         ¡Qué la salve!.. cometiendo un crimen... ¡De ninguna manera, María Teresa!.. Las madres deben querer a sus hijos desde que lo conciben, sus entrañas deben ser la primera cuna y los latidos de su corazón, la primera canción de arrullo… ¡Perdóneme! Perdóneme, mi exaltación.. pero… es que le hablo como hombre que tiene cicatrices muy hondas, que por extrañas coincidencias, cumple con el deber sagrado de defender el sagrado derecho a la natalidad.
-         Pero usted que es bueno y generoso, impedirá que una mancha horrible caiga sobre mi honra…
-         Ni su honra, ni su conciencia podrá limpiarse nunca… hasta las fieras más sanguinarias dejan que nazcan sus cachorros… ¡Aprenda, María Teresa! Siga el ejemplo de las fieras.
-         Esos escrúpulos de conciencia, debe acallarlos ante las leyes de la sociedad que no perdona escándalos.
-         ¡Al Diablo, la sociedad!.. Ella conciente crímenes como los que usted me propone. Si deja nacer un hijo del amor... lo arrojará de su seno, pero en cambio, la seguirá mimando si por medio de ese crimen malogra la maternidad…
-         ¡Basta doctor, basta!.. Acabaré por enloquecer de vergüenza y desesperación…
-         Tengo que seguir martillando en su conciencia… ¡Para convencerla! ¡Para humanizarla!.. Es mi deber, no sólo como hombre y como médico, sino como compañero de infortunio de ese hijo, que usted no quiere que viva…
-         ¡Usted, usted doctor!…  
-         ¡Sí, yo María Teresa!…No querían que yo naciera, todos unidos en un haz criminal e inhumano, me negaban el más sagrado de los derechos: ¡El derecho de nacer!

Luego de ese accidentado diálogo, el doctor Alberto Limonta, le relata a María Teresa, la historia de su vida y las vicisitudes que tuvo que pasar su madre: "María Elena del Junco, perteneciente a una de las familias más acaudaladas de Cuba, se enamoró de Alfredo Martínez, de cuyo romance resultó embarazada... éste, en lugar de asumir su responsabilidad, de manera cobarde la abandona. Al enterarse su padre, don Rafael del Junco, sobre este embarazo que consideraba una vergüenza para su casa, reacciona con furia y a fin de ocultar el estado de su hija, lo aleja del lugar, escondiéndola en su cafetal de Palma Soriano, junto a su nana, la buena y fiel “Mamá Dolores”. En ese lugar, lejos de la ciudad, nace el hijo de María Elena, para el cual su abuelo tenía planes siniestros, ordenando a Bruno, su capataz, la muerte y desaparición del bebé. Una noche, en un descuido de María Elena, Bruno, se lleva al niño para matarlo, al descubrir la buena negra, “Mamá Dolores”, que el bebé había sido raptado y sospechando que corría peligro, sale en su búsqueda, impidiendo de este modo, que el capataz ejecute acto tan infame.  

La buena negra, para salvar al niño de las iras de su abuelo, decide huir del cafetal con el niño en brazos... y Bruno, para que don Rafael crea que ejecutó su orden, mata un animal y presenta el machete ensangrentado. Pasan los años, y Alberto Limonta que había asumido el apellido de su madre adoptiva, permanece a buen recaudo en La Habana, donde un buen día el azar, lo pone frente a don Jorge Luis Armenteros, quien se torna su protector y amigo. La casualidad, vuelve a jugar otra carta que lo va acercando a sus raíces... Una fuerte tormenta origina serios accidentes, un anciano es llevado de emergencia a un sanatorio, precisándose  con urgencia sangre para efectuarle una transfusión, al no haber donantes, el doctor Limonta se ofrece salvando la vida de su abuelo sin saberlo. Luego, se da una serie de hechos que hacen aflorar el pasado oculto del doctor Alberto Limonta, quién era visto como un gran médico de prestigio, pero de pasado oscuro, motivo por el cual, era subestimado por la sociedad, sobre todo, cuando se enteran que su madre era una negra; mientras, su verdadera madre, María Elena del Junco, olvidaba su dolor de madre frustrada, como "Sor Elena", en un convento, al cual había huido, debido al mal trato que recibía por parte de su padre .

Los hechos se precipitan, cuando el doctor Alberto Limonta, se enamora de la nieta de don Rafael del Junco, Isabel Cristina -sin saberlo, su prima hermana-, lo que origina el interés por conocer a su madre y es aquí, donde se produce el choque del pasado y el presente, don  Rafael del Junco, se encuentra cara a cara con María Dolores, "Mamá Dolores", la salvadora de Alberto Limonta, donde sale mal parado, avergonzado y humillado en su orgullo, el viejo hacendado don Rafael del Junco, originándosele, una embolia que lo postra gravemente, siendo atendido y recuperado por su médico de cabecera, su nieto. Don Rafael del Junco, después de haber perdido el habla por la impresión de reencontrarse con su pasado de maldad, se recupera y revela a su hija, María Elena, que el médico y amigo de la familia, el doctor Alberto Limonta, es su hijo. Luego se da el rencuentro de Alberto, con sus dos madres, prima el perdón y  finalmente, Alberto Limonta se casa y es inmensamente feliz.

Después de ese relato del doctor Alberto Limonta, María Teresa, reflexiona y decide defender contra cualquier falso pudor y dignidad de una sociedad hipócrita, el sagrado derecho de nacer de su hijo... Les aseguro, que muchos pasajes coinciden, con la decisión de esa joven estudiante de Derecho que un día llegó a mi oficina buscando apoyo y defendiendo el sagrado derecho de nacer de su hijo... Antes de publicar esta crónica, casi doce años después del suceso, con que inicio este relato, llamé a la doctora (...) que vive en Lima y con quién forjé una gran amistad a través de los años, y una vez más pese a la distancia, sentí la gran felicidad y orgullo que la embarga, su "Albertico, el hombre de la casa" como dice ella, es su fuerza moral... Que Dios bendiga a esta gran madre y profesional, que supo hacer de su error de juventud, la razón de su vida. 

Crédito: Todas la fotos que ilustran la crónica han sido tomadas de internet.

Chimbote 17 de diciembre de 2001
ARCHIVO BITACORA 13 (Dic.17.2001) Chimbote
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domingo, 28 de abril de 2013

Manuel "Chiroka" Guerrero B. - Bitacora 13

Manuel Guerrero Bazalar
“Chiroka” viejo lobo de mar
Escribe: Hugo Tafur
(peruano)
Rayaba la aurora y las sombras huían con el amanecer… la “Ana María”, guiada por el brazo firme de su capitán, navegaba a toda pala frente al “Dorado”. Desde que pasó por el “Hueco de la Vela”, el viejo y curtido hombre de mar, Manuel “Chiroka” Guerrero Bazalar, oteaba el horizonte… tenía olfato de lobo de mar, presentía pesca y la husmeaba en el ambiente marino... también, con la sabiduría y experiencia de los años, observaba el comportamiento de las pardelas… ¡Sí, no se podía equivocar! En la penumbra matinal alcanzó ver el inquieto revoloteo de las aves marinas… Bajó al mínimo la marcha de su embarcación y despacio, muy despacio, repasó el área con la ecosonda prendida, el aparato detector comenzó a marcar negro… a flor de agua, una pequeña saltadera de anchovetas delataron la dirección que corría la mancha… el proero, lo confirmó… ¡Listos, listos! Advirtió a la tripulación, mientras agazapado dominaba la caña cuadrando la embarcación.
Así, con capacidad, convicción y fe, maniobraba el viejo lobo de mar, poniendo todos sus sentidos en la cala y recio ordenaba desde el puente: ¡Arrea!.. Chalana y chalanero, caían por la popa al mar, llevándose hecho bien firme el cabecero de proa del boliche, mientras “Chiroka”, dibujaba con destreza su redonda trampa de corchos, cabos, cenefa, paño y plomo… Hermosa y altiva se le veía a la “Ana María”, deslizándose sobre la superficie del mar, guiada con destreza por ese viejo pescador… que por su sapiencia, intuición y sabiduría al pescar, más parecía un lobo de mar hecho hombre o un hombre mimetizado lobo de mar. Aquel día, “Chiroka”, como tantos otros, cortó dos bolsas, puso “cachanga” a la Ana María y botó, como se acostumbraba por entonces de una manera imprudente, a las once de la mañana ya estaba en el puerto, acoderado,  descargando en la chata de la Pesquera “Humbolt”; muchas veces, con esa ventaja, se daba el gusto de volver a la zona de pesca, por un segundo viaje… amaba el mar y el mar generoso le entregaba su riqueza.
Luis Banchero, con los patrones de la pesquera Humbolt
(De los parados, "Chiroka" el primero de la izquierda) 
Cuando joven, a punta de calas, malas noches y peligros, se hizo de un nombre, era querido y respetado, pero jamás abandonó su forma humilde y sencilla de hombre de mar, buen padre y buen amigo. En Chimbote, en su casa de la Urbanización "El Trapecio", junto a los suyos, matando la nostalgia con unas cervezas, recordaba su niñez en el puerto de Huarmey, su decisión tomada a los siete años, cuando para paliar la pobreza familiar cogió los aparejos de pesca a cordel de sus hermanos y se fue a pescar a las rocas. La rebosante bolsa con los peces atrapados por sus anzuelos lo cautivaron para siempre, nunca asistió a la escuela, se hizo hombre en la más grande universidad práctica del mundo, el mar, ahí vivió cada día, descubriendo y aprendiendo sus secretos. En esa actividad, recorrió toda la costa peruana de sur a norte, todas su caletas y puertos no le eran ajenos, se internó en todas las playas y sus recovecos; igualmente, en todas las islas del Mar de Grau, pues siendo un mozalbete, antes de optar como pescador, fue cazador de lobos contratado por una empresa española, en la que pese a su juventud, ejerció el cargo de capataz, con mando de personal. Las pieles eran trabajadas en una curtiembre de la avenida Arequipa en Lima.
Apenas tenía 19 años, cuando conoció a Luis Banchero Rossi, quién años más tarde, se constituiría como el empresario pesquero más grande del Perú; desde el principio, ambos talentos se complementaban, Banchero necesitaba de “Chiroka” y “Chiroka” necesitaba de Banchero. Primero, lo hizo patrón de una de sus lanchas boniteras, pescado base para su fábrica conservera; después de un tiempo, lo nombró patrón de la lancha “Ana María” para pescar anchoveta y fabricar harina en la Pesquera “Humbolt”, del barrio “27 de Octubre” de Chimbote. A la par que se descubría el genio empresarial de Banchero cimentando su imperio, se manifestaba las virtudes innatas de Manuel Guerrero Bazalar, para la pesca, “Chiroka”, también era un genio en el mar. Era, junto a otros sobresalientes patrones de esa época, los que se encargaban de cosechar lo que la intuición y genio de Banchero, había previsto en su sueño empresarial: “La riqueza esta en el mar, sólo hay que ir a recogerla”.
Por ello, por su eficiencia, Luis Banchero, admiraba a “Chiroka”, le tenía mucho aprecio, hasta su muerte trágica ocurrida el 1º de enero de 1972, en su casa de descanso de Chaclacayo, golpe mortal para todos lo que trabajaban en las empresas del Grupo Banchero; hasta allá fue “Chiroka”, bebiendo su dolor por todo el camino, igual que todos los patrones de la pesquera, fue a ver al jefe, al amigo entrañable, al visionario que le dio la oportunidad de realizarse; al despedirse, una vez más bebió sus propias lágrimas que le supieron amarga agua de mar, él que lo conocía tan bien, sabía que se iba un hombre bueno, honrado, capaz y con ello, un gran peruano que en el futuro hubiera hecho mucho por el país. Nunca más la pesca sería igual, pronto Chimbote perdería el titulo de “Puerto Pesquero Más Grande del Mundo”, era cuestión de tiempo… la debacle en la industria no tardó. Después del asesinato de Luis Banchero, sus empresas fueron estatizadas por el gobierno.
Cargado de años y desengaños, “Chiroka”, se retiró a sus cuarteles de invierno, en la Urbanización “El Trapecio” de Chimbote. El gran guerrero sufría, al no disponer ya de los ingresos que tenía como patrón,  había descuidado su futuro. No fue suficiente el amor de Pola Chunga, su mujer, ni el de sus ocho hijos: Manuel, Esperanza, Regina, Marlene, Manuel Martín, Janeth, Carmen y Alberto, para borrar su decepción y tristeza; por añadidura, lo que ocurría en el sector pesquero, terminaba por desilusionarlo,  el Sindicato de Pescadores y la Caja del Pescador, era  un caos, el compañerismo entre pescadores se había perdido, igual que el título logrado con tanto esfuerzo para Chimbote… sólo le quedaba el apoyo, de Mary, Olga y Juan Banchero, Orlando Cerruti y Benito Rossi, familiares del gran capitán; quienes enterados de sus dolencias, lo asistían con su tratamiento, por lo cual, él siempre vivió agradecido de ellos.
El miércoles 11 de junio de 2003, una llamada telefónica efectuada por Víctor Hugo Milla, me daba la infausta noticia de la muerte de esa leyenda... “Chiroka”, hacía una hora, que había fallecido en Lima, me quedé anonadado, pensativo, preguntándome cuando fue la última vez que lo vi, recordé que fue en la casa de su sobrina Dorita Bazalar, que también vivía en “El Trapecio”, cuando acudió con su esposa Pola y su hija Janeth, a saludarla por su cumpleaños… cuando alcé la mirada, me di cuenta que la bahía “El Ferrol” lucía triste, gruesas nubes ocultaban al astro rey y el cielo se había tornado gris… sobre el mar de la bahía, unas pocas aves marinas perezosas, se bamboleaban al capricho del viento y sobre las ondas del mar, a lo lejos, la silueta descolorida de la Isla Blanca, se me antojó un cetáceo gigante inmóvil, sumergido a media agua… Manuel Guerrero Bazalar, había muerto… Mis cavilaciones me llevaron hasta 1960, cuando jovencito imberbe, había aceptado compartir las vicisitudes del hombre de mar y luchaba a brazo partido para ser aceptado como tal, fue en ese año, que conocí a “Chiroka”, ese  huarmeyano enamorado del mar, junto a otros lobos del mar que ya era populares por su eficiencia, como: Lucho Barrera, El “Tío Merfi”, Ángel “Charol” Bazalar, Samuel Obeso Rubio, “Cabeza Rota” Garrido, Pazos y otros que escribieron la historia de la pesca en Chimbote.
Era la época de las lanchas de madera y la pesca heroica, donde el pescador se mojaba bien para cargar sus embarcaciones, a pulso y con maniobras bastantes riesgosas. Con patrones y tripulantes valientes y arriesgados, con gente leal y trabajadora fue que Luis Banchero, trabajando de sol a sol, levantó su imperio. En algún momento, construyó sus propias embarcaciones pesqueras, en sus astilleros de Chimbote y el Callao, estimándose en más de un centenar las bolicheras de su propiedad... Varias fábricas de conservas, harina y aceite de pescado, una cadena de diarios de circulación nacional y tantas otras inversiones exitosas, hicieron de este  visionario un hombre excepcional.
El gran “Chiroka” se había marchado, en busca de San Pedrito, patrón de los pescadores, y de Luis Banchero Rossi, para pedirle un banco en las naves del cielo, donde pescará guirnaldas de estrellas y cometas de luz, para iluminar a su amada familia y sus hermanos pescadores. Con esta crónica, mi sentido homenaje a ese hombre sencillo, que empinándose sobre las limitaciones y necesidades insatisfechas de su niñez, supo con trabajo esforzado y honrado, convicción y fe, constituirse en un renombrado hombre de mar. A su querida esposa, doña Pola Chunga y a sus amados hijos, mis sentidas condolencias. Descansa en paz, capitán “Chiroka”.
CREDITO: Todas las gráficas incluidas en esta crónica han sido tomadas de internet.
Chimbote, viernes 13 de junio de 2003
Publicado en Diario “Las Última Noticias” (Juev. 19.06.03) Pág. 6 y 7
Archivo revisado: BITÁCORA 13 (JAPÓN 84-20130427) Blogg

viernes, 26 de abril de 2013

Te amaré hasta la eternidad - Bitácora 13

 El poder del amor
Te amaré hasta la eternidad
Escribe: Hugo Tafur
       (peruano)
Es la hora tétrica de la noche… en el cielo, la luna en cuarto menguante proyecta débiles rayos acentuando la penumbra en el poblado; en las afueras del pueblo, un ambiente frío y tenebroso plaga con sombras fantasmagóricas los caminos… De rato en rato, se escucha el ladrido lejano de un perro, o de otro que aúlla a la luna, la cual parece moverse en el cenit sorteando nubes oscuras. En el camposanto, pequeñas llamas azules flamean entre las tumbas, dando la impresión de cirios prendidos por las almas en pena que se niegan abandonar el mundo... acrecentando, la macabra idea de espíritus después de la muerte, y generando en los vivos el miedo morboso a transitar tarde de la noche cerca de los cementerios... las tumbas y siluetas de las cruces, imponen en la soledad y el silencio de la necrópolis un mágico respeto.     

En un cementerio de estos, donde yace muerto el amor, las ambiciónes y con el paso del tiempo, convertido en polvo se extingue el recuerdo... fue enterrada un joven mujer. Una mujer, que en vida estaba llena de virtudes y era dueña de una extraordinaria belleza, que terminó por cautivar, al maduro y apuesto varón propietario de las más ricas tierras de la comarca; comprometidos en matrimonio, muy enamorados, sólo contaban los días, horas y minutos que faltaban, para unirse para siempre. La linda criatura, había convertido al sensato y ponderado Conrado Alcántara, en un hombre lleno de vitalidad y alegría de vivir. Él la adoraba, sabía que su vida se tornaría miserable sin ella, y por ello, no escatimaba ni gasto ni esfuerzo para ganarse su amor y su cariño.

Todo estaba listo, el hermoso ajuar que vestiría la novia el día de su boda, cuidadosamente expuesto, yacía en el dormitorio de la bella, quién esperaba el momento para lucirlo. Los amantes vivían su noviazgo en un mundo de ensueño y por las tardes de estío, como dos cervatillos, se les veía corriendo por el campo sobre la hierba, bajo la fresca sombra de los alisos del bosque cercano. Al verlos así, los lugareños opinaban que conformaban una linda pareja y que serían felices… aunque, al seguir la costumbre del lugar y consultar su futuro a la agorera del poblado, esta había profetizado que no se casarían, pues tiradas las cartas de adivinación, advertían de hechos trágicos como resultado de su unión. Esta advertencia pasó desapercibida y pronto fue olvidada, considerándola anecdótica tanto por los familiares, como por los padres de los novios… "¡Nada, pasará!.. "Son alucinaciones de esa vieja loca", se dijeron, y siguieron con los preparativos para el matrimonio.

¿Cuántos hechos, así vislumbrados al azar, en ceremonias misteriosas se han hecho realidad?.. Muchas, y a veces, con consecuencias funestas. Curiosidad imprudente a la que recurren algunas personas,  ante la imposibilidad de proveerse de una explicación racional... el sortilegio, la adivinación, la brujería, es la vía para darse una respuesta a su incertidumbre. Actitud osada, que soslaya a Dios, al pretender conocer por anticipado su futuro, aunque para ello, transiten al filo de la navaja... al borde mismo del acantilado de la locura y la idolatría, donde moran fuerzas sobrenaturales inicuas, que dejan su huella indeleble, en la mente y el corazón de quienes se alejan de la protección de su Creador.

Qué extraño signo persigue a las criaturas humanas, cuando más seguros están de sus planes y proyectos, un viento de contradicción tira al traste todo y modifica sus propósitos. En este caso, dos seres que se amaban entrañablemente y que habían empezado a transitar por el sendero de la felicidad, vieron de la noche a la mañana inexplicablemente alterado todo, que extraña fuerza concurrió para romper sus ilusiones. El límpido cielo del amor, se vio de pronto invadido por nubes borrascosas… la bella joven fue postrada por una extraña enfermedad, que rápidamente lo condujo a la muerte; así un día, cuando la tarde caía, entre cánticos y oraciones, fue conducida en un albo ataúd al cementerio… al terminar el enterrador de tapiar su tumba, un trueno retumbó en las alturas y una lluvia copiosa inundó el ambiente, como si el cielo mismo expresara su tristeza. Una bella flor, había sido tronchada sin explicación del altar de la felicidad.

Con mucha dignidad, el amante novio soportó su dolor, llevando con supuesta serenidad las exequias de su adorada prometida, unos grandes y oscuros anteojos ocultaban sus ojos, impidiendo conocer sus más recónditas sensaciones y sentimientos que le embargaban. Los espejos del alma, no revelaron nada, sólo su actitud serena descubría su perenne homenaje y profundo amor por la muerta..; antes de que la tapiaran en la tumba, se acercó al cadáver, cogió una mustia rosa roja y besándola con unción, la depositó sobre el ataúd que contenía los restos de la mujer amada, mientras murmuraba ininteligibles palabras que nadie entendió, pero que estremeció a quienes contemplaban la escena.

Un día y otro pasó sin conocerse cuál era la condición del novio, que al retornar del cementerio, se encerró a solas con su dolor, nadie sabía nada de él, hasta que un día, en el poblado, comenzó a circular la noticia que en horas de la noche, todos los días, una silueta enfundada en un largo abrigo negro, llegaba al camposanto deteniéndose en la tumba donde yacía el cuerpo inanimado de la joven muerta; gemidos, llanto, suspiros y palabras incoherentes, herían la oscuridad de la noche... helando la sangre, de quién contemplara la triste escena. Era un alma rendida a la desesperación, cuyo único deseo si fuera posible, era infundir vida con su propia sangre al cuerpo inanimado de su amada…

¡Oh!..Insondable misterio y dolor, que perturba la cordura y muchas veces la razón... y así sucedió. Un día que la luna se negó iluminar el firmamento y que la noche se mostró más negra que nunca, el esperpento humano de lo que fue un apuesto varón, se encaminó entre las sombras de la noche como todos los días al cementerio. Ahí, frente a la tumba que contenía los restos mortales de su amada, vació una vez más su dolor, su tristeza y desconsuelo, instando a la muerta en su locura, a cumplir su juramento de casarse con él… la copa rota de su frustrada felicidad, había rebasado el límite de la sensatez y en soliloquio irracional, pronunciaba incoherencias, reiterando su amor y su juramento de amarla hasta la eternidad... exigiéndole su aceptación, que el mismo pronunció positiva… Poseído, con sus propias manos rompió la lápida de la tumba y comenzó a retirar las flores marchitas que estaban tras ella, luego atenazó el féretro y lo extrajo con inusitada ansiedad, finalmente lo abrió y con delicada actitud hablándole con ternura, tomó en sus brazos el cadáver de su amada y besándola la recostó sobre su pecho.

Con ella en sus brazos, imaginando regio cortejo de bodas, se encaminó hacia la casa que había preparado para cuando estuvieran casados; ya en ella, frente a dos cirios mortecinos, la sentó y coronó su rígida cabeza con blancos azahares, pasando luego en la sala sombría a celebrar su boda con la muerta, terminada la ceremonia, en su afiebrada y desquiciada mente, imaginó hacerla suya y la condujo al lecho nupcial, se acostó con ella rendido de amor y hablándole de mil planes futuros, besó mil veces la boca horrible del cadáver de su amada y abrazándose a el… se quedó dormido para siempre... Así termina la historia, contada por un viejo enterrador, de un pueblo de Suramérica.

RECONOCIMIENTO: Crónica escrita en mi juventud, inspirada en la poesía, “Bodas Negras” del poeta y sacerdote venezolano, Carlos Borges (1875- ¿?), la cual fue cantada en tiempo de bolero por Julio Jaramillo (ecuatoriano).
CRÉDITO: Todas las fotos que ilustran la crónica han sido tomadas de internet.

Chimbote 14 de octubre de 1962
Publicada en el diario “Las Últimas Noticias” (Set 1995) Chimbote
ARCHIVO BITACORA 13 (JAPAN 83-20130426) Tochigi Ken