viernes, 21 de octubre de 2011

La Tía Sara (Historia) - Bitácora 13

La Tía Sara
Escribe: Hugo Tafur
         (peruano)
Hace 34 años, los sindicatos de trabajadores y empleados de la Empresa Siderúrgica del Perú SIDERPERÚ, unidos en un solo frente, declararon en multitudinaria asamblea general la huelga general indefinida, para hacer respetar sus pactos y convenios que la Empresa pretendía burlar pese haberlos acordado y firmado. La huelga adquirió ribetes dramáticos y heroicos en nuestro puerto durante 52 días; y si bien, el saldo final fue el triunfo, este se vio ensombrecido por la muerte de Genaro Rojas Bardales, un dirigente juvenil del barrio Magdalena; también catapultó a Zoila Valdivia Paz, una mujer humilde, que no siendo siderúrgica, se identificó con la lucha proletaria y se sumó a ella en solidaridad de clase. Naturalmente, en medio del fragor de la medida sindical, otros hechos dignos de ser contados ocurrieron; por ahora, permítaseme reseñar la actuación valerosa de esta mujer que en el contexto de la gesta histórica que sostuvieron con decisión los siderúrgicos brilló por su coraje; sin embargo, también, dejemos para la posteridad, los nombres de quiénes encabezaron tan dramática lucha sindical, con el arrojo de su juventud y la razón de su derecho, fueron: Francisco Vásquez León, Secretario General del Sindicato de Obreros y Rafael Velásquez Rengifo, Secretario General del Sindicato de Empleados; junto a ellos, los valerosos dirigentes: Almagro Gil Suárez, Ángel Loayza, Ladislao Chávez Gil, Luis Arteaga, etc., etc., y otros que lucharon a brazo partido para defender los derechos de los siderúrgicos, llenándose igual de gloria con el triunfo de la huelga sindical. Conseguiremos sus nombres. (Japón.21.Oct.2011)

Como dije en la introducción, esta historia tiene como marco la heroica lucha sindical sostenida por los sindicatos de empleados y trabajadores de Siderperú, por esos años, columna vertebral de las luchas proletarias de nuestra provincia. Se iniciaba el último mes del año 1977, era el 5 de diciembre por la tarde; reunidos los dos sindicatos en una asamblea multitudinaria acordaron la huelga general indefinida, como respuesta a la intransigencia de la dirección de la empresa para cumplir con los pactos y convenios acordados y firmados. A partir de ese momento, los cinco mil siderúrgicos se dispusieron a la lucha, en el entendido, que esta podría prolongarse y adquirir ribetes dramáticos y duros, pues como recordaremos, gobernaba el país una casta de militares y la gerencia de la empresa lo ejercía el comandante A.P. Luis Felipe Cáceres Graziani, marino en retiro, que la cundiría siderúrgica bautizó como “Cuellito”.

Chimbote estaba conmovido, la organización de la huelga se planteó audaz y muy disciplinada, en cada barrio se establecieron comités y “ollas comunes” con instrucciones y responsabilidades precisas; ejerciéndose una férrea marcación sobre posibles “amarillos” y mucho celo para descubrir cualquier atisbo “rompehuelga”. Los chimbotanos miraban con simpatía la medida sindical y cientos de familiares y amigos se plegaron en apoyo, organizándose los comités de damas que en la práctica era el “arma disuasiva” a cualquier traición. Diariamente, los siderúrgicos, cumplían diferentes tareas para cuidar la unidad y moral combativa de los hombres del acero. Igualmente, con veloces marchas de protesta por las diferentes arterias de la ciudad y declaraciones informativas de los dirigentes a la prensa y la radio, se mantenía vigente en la conciencia porteña la justicia de su reclamo y de su lucha sindical.

Para la policía, la huelga era un rompe cabeza, imposible de estar en todas partes por la noche; al amanecer, uno y otro lugar estratégico amanecía con calles y avenidas bloqueadas. Muchos policías amigos nos confesaron su hartazgo y desaliento, era imposible reprimir y controlar el orden, sobre todo de noche cuando se producían estas acciones; además, entendían, que el reclamo de los siderúrgicos era justo y se sentían mal al enfrentarlos, sobretodo, cuando esa maza compacta de varias cuadras de largo, sabía golpearlos moralmente, al corear al unísono: ¡El pueblo uniformado, también es explotado!..y eso, era la pura verdad, vivían con un sueldo mísero.

La huelga se iba prolongando por 10, 15 y 20 días, las posiciones en el tablero del ajedrez reivindicativo no variaba, más bien, la huelga de los siderúrgicos se fortalecía, Chimbote hizo suya la medida sindical, las dirigencias barriales se pronunciaban y se sumaban a ella; distintas instituciones, sindicatos y personalidades se declaraban a favor y pedían que la empresa termine con la huelga reconociendo el derecho de los siderúrgicos. Las ollas comunes recibían la solidaridad de los mercados de la ciudad, pescadores, comerciantes, etc.. Para la óptica del gobierno militar, era evidente que la situación se podría tornar “peligrosa” por el apoyo que recibía de la ciudadanía y la capacidad combativa que mostraban los siderúrgicos, y desde palacio se ordenó romper la huelga, la empresa siderúrgica estaba habilitada para usar todo su poder económico para desprestigiarla, para ello, compró a nivel local y nacional, medios periodísticos y periodistas venales que iniciaron una ferrea campaña tildándola de política…ardía Troya.

Que momentos aquellos. Se recurría al chantaje, a la extorsión y se sembraba “bolas” para quebrar la moral combativa de los siderúrgicos, torpedeándola incluso en su mismo seno. La respuesta de los “hombres del acero” no se hizo esperar, desenmascaraban a los “amarillos”, traidores y arribistas, “matándolos moralmente”, se les capturaba, se les cortaba el cabello y se les pintaba de amarillo, exhibiéndolos públicamente…sus nombres eran inscritos en el muro del oprobio del sindicato. La fuerzas policiales, incrementada con más efectivos eran cada día más provocativa y represiva, atacando la misma sede sindical. La respuesta siderúrgica a esta sistemática agresión, fue contundente: ¡Paro Provincial!

En ese marco, las “bolas” y la información sesgada de la prensa comprada causaron al principio confusión y cierto desaliento, lo que determinó que se manejara con mayor fluidez información oficial en la sede sindical...pues la empresa imprimía volantes apócrifos para desorientar a los siderúrgicos en huelga. Ese momento de debilidad, fue quizá el momento más crítico donde pudo romperse la huelga, pero no fue advertida ni aprovechada la oportunidad por la empresa, le fallaron los "soplones". Superada la emergencia,  los siderúrgicos retomaron su medida sindical con fe y decisión; la dirigencia, con la opinión y apoyo de los siderúrgicos más lúcidos, reajustó su estrategia, organización y desenvolvimiento, haciendo con ello cambiar el rumbo de la historia ya que los “hombres del acero” reafirmaron su convicción en el triunfo.

En ese contexto, aparecía con notoriedad una mujer singular que se irguió con la dignidad de una heroína del pueblo proletario. Esa mujer, traía alas de mariposa y sobrenombre despectivo “Sarandonga”. En otros tiempos, cuado vivía en Barrios Altos, en el distrito del Rimac y luego en Chimbote, su belleza había cautivado y de hecho quitado el sueño a muchos hombres, los cuales la halagaban y asediaban; pero esa belleza, igual que las flores, se fue marchitando…y los mismos hombres, que ayer caían rendidos fueron crueles con ella, consumieron no sólo su vida y su belleza, sino también, deformaron su nombre apodándola “Sarandonga” , todo porque en medio del vértigo del trago, el humo del cigarro y la fiesta interminable, gustaba embotar sus sentidos bailando aquella canción del dúo cubano “Los Compadres”. Así transcurría su existencia, en medio del jolgorio y la despreocupación, hasta cuando se inicia la huelga general indefinida de los siderúrgicos, la organización y acción llegó hasta los barrios periféricos de la ciudad.

Ella, un poco para cubrir su necesidad de alimentos y matar el hambre, se plegó a la olla común que funcionaba en el local del Sindicato de Obreros de Siderperú; ahí, al calor del fogón y la lucha sindical, conoció lo que significaba “reivindicación” y de la noche a la mañana se sumo a la lucha de sus hermanos siderúrgicos, pues también entendió, que los proletarios eran sus hermanos de clase. Cuando la policía atacó la sede sindical, arrojó bombas lacrimógenas y disparó balas para amedrentar, ahí estaba ella, inmutable, feroz, corajuda, balde de agua en mano, recogiendo y devolviendo a los policías represivos su bombas o ahogándolas en el agua de su balde. Su ejemplo y su coraje en primera línea, acicateó e incentivó a los siderúrgicos que ya abandonaban su sede, volviendo a defender y recuperar su local.

Esta mujer excepcional de físico esmirriado y pies ligeros, sin ser siderúrgica, se constituyó en tal, al involucrarse con cuerpo y alma en la lucha de sus hermanos de clase. Repartía volantes, cocinaba y atendía con alimentos a la guardia nocturna…fue “Chasqui y Ángel” los 52 días que duró la huelga de los obreros y empleados de Siderperú. Por ello, cuando el siderúrgico celebraba el fin de su huelga, no olvidó su apoyo y entrega heroica a su causa y en Asamblea General Conjunta de los dos sindicatos, los hombres del acero le rindieron sentido y merecido homenaje reivindicando su nombre y llamándola con respeto “La Tía Sara”. Luego, la dirigencia que encabezaba el Secretario General del Sindicato de Trabajadores Siderúrgicos, Francisco Vásquez León, le dio empleo en el mismo sindicato y desde entonces hasta hoy, esa pequeña mujer digna y dignificada por sus hermanos siderúrgicos, vive en uno de los ambientes del local sindical, junto a sus amados hijos. De esa mujer coraje, jamás te olvides siderúrgico, su nombre real Zoila Valdivia Paz, pero puedes seguir llamándola con respeto y cariño “La Tía Sara”…"La Chasqui", del proletariado siderúrgico:“Cuando la duda asaltaba la trinchera / como la más firme aliada del patrón, / llegó con su ejemplo y su coraje / a unirse a las huestes en acción”(*)1…La noche quedó atrás.

(*)1.- Fragmento del poema La Tía Sara, del mismo autor.

Chimbote, 06 de diciembre de 1995
Archivo BITÁCORA 13 (06.12.95) Chimbote
Revisada para el blogger (JAPÓN 34-20111021) Tochigi Ken
PUBLICACIÓN:
Primera vez.- En el diario Nueva Imagen-Últimas Noticias (Chimbote, Junio-1996)
Segunda vez.- Diario Regional- Las Últimas Noticias (Chimbote, 05.12. 2003) Pág. 08.
Tercera Vez.- En internet: en blogspot.com-bitácora 13 (Japón 21.10.2011).

martes, 11 de octubre de 2011

Terror en la fábrica (Misterio) - Bitácora 13

Terror en la fábrica

Por: Hugo Tafur
     (peruano) 
Estamos a fines de septiembre, y la estación de otoño se anuncia bastante cruda aquí en Japón, fuertes vientos helados han comenzado a remecer los árboles, desbaratando sus follajes y sembrando las calles aledañas de las ciudades con millones de hojas secas que van y vienen según el capricho del viento y los pequeños remolinos que se forman. Es un día gris que ensombrece el ambiente, tornando el paisaje urbano en una visión incolora y fría que decide a no salir de casa, para protegerse de las inclemencias del tiempo. Por añadidura, una persistente lluvia inesperada por cambio de rumbo del tifón, termina por demoler el pronóstico del tiempo anunciado en la televisión... caprichos de la naturaleza.

Aquel viernes, fin de semana laboral en la fábrica, la jornada terminó a las cinco de la tarde. Apenas sonó el timbre, los trabajadores abandonaron presurosos las instalaciones; sólo se quedarían en ella, unos cuantos convocados para laborar en sobretiempo, con la finalidad de hacer mantenimiento, limpiando los sistemas de aire acondicionado y dejar en orden los materiales de la línea... La planta en general, poco a poco fue quedándose a oscuras, al irse apagando la iluminación de las distintas áreas. Al terminar la jornada de sobretiempo, Taira san y Pedro Fukuda, se dirijieron hacia el vestidor para cambiarse la ropa de trabajo, ponerse algo de abrigo y retirar sus pertenecias; mientras, sus pocos compañeros, desaparecían en grupo rumbo a la salida de la fábrica... el tiempo se presentaba inestable, había que llegar pronto a casa.

Terminado de mudar sus vestimentas, los dos amigos procedieron abandonar su área de trabajo, en el camino, iban cumpliendo la recomendación de ir apagando las luces de la zona, la misma que sin iluminación y sin actividad laboral se iba sumiendo en tétrica penumbra y en acentuado silencio, tanto así, que permitía escuchar el eco nítido de sus pasos sobre las tapas metálicas de los ductos y el arrastrar de los pies para no tropezar. Pedro Fukuda caminaba detrás de Taira san, ya que siendo nuevo en el área, el japonés conocía mejor el camino hacia la puerta de salida y de este modo evitaba colisionar y golpearse.


Estaban en el tramo final de su recorrido, por medio de las pilas de los productos almacenados, faltaba unos 50 metros para alcanzar la salida, cuando algo extraño los desconcertó y detuvo su caminar... la pequeña puerta de ingreso del personal, ubicada a un costado del gran portón de la nave se abrió  violentamente, pensaron que era el viento, pero no…fue como si alguien la franqueara, más en la claridad del marco iluminado por el alumbrado externo, nadie se dibujó... volviéndose a cerrar la puerta, esta vez con suavidad, como si alguien la guiara... hasta se escuchó el clip de la cerradura al volverse a su lugar..; más luego, unos pasos apresurados repercutieron en la oscuridad, aparentemente se dirigían hacia donde ellos se encontraban, por lo que pensaron que se trataba de alguna persona que volvía por algún olvido y a fin de no chocar al cruzarse, se pusieron a un costado del pasillo…pero nada… nadie pasaba.

A partir de ese momento, ambos se sintieron poseídos por algo extraño, habían visto abrirse y cerrarse la puerta de ingreso del personal y habían escuchado con nitidez unos pasos presurosos, le pareció todo tan raro e inexplicable... Taira san, mecánicamente extrajo su encendedor para delatar su presencia, más al tratar de encenderlo fue incapaz de lograrlo, una fuerza invisible lo tornó torpe y no pudo hacerlo... tal situación, les hizo experimentar una sensación de miedo y un temblor estremeció su cuerpo. El presentía algo anormal pues los bellos de sus brazos y sus cabellos estaban erizados. Pedro Fukuda, por su lado, vivía estupefacto la experiencia, con voz temblorosa que delataba el momento que pasaba, casi paralizado de miedo susurró al oído de su amigo: "Taira san ¿que pasa?"... Taira san no respondió,  hacía acopio de sus fuerzas que amenazaban con abandonarlo, sus nervios estaban crispados y un sudor frío circundaba su frente. Pedro estaba al borde del desmayo... Sólo faltaban unos metros para alcanzar la puerta de salida y Taira decidió superarlos…con voz carrasposa y casi inteligible le dijo: "Vamos, Pedro"...

Antes de reanudar la marcha, su mano temblorosa extrajo de su cazadora un paquete de cigarrillos y cogiendo uno de ellos se lo llevó autómata a los labios, más cuando por fin hizo fuego con su encendedor... un soplo venido de la nada por encima de su hombro, apagó la llama... fue en ese momento, que se percató que un fétido olor inundaba el ambiente, sintiendo a su vez, como que flotaban, una fuerza miteriosa los había elevado haciéndolos flotar sobre el piso... estaban en éxtasis, más perdieron  la conciencia y la noción del tiempo... Cuando la recuperaron, estaban en el piso, como si hubieran dormido junto a la puerta de entrada y salida del personal. Taira san, se puso de pie y trató de mirar en la penumbra, por unas rendijas ingresaba la luz de las farolas, descubriendo a Pedro, que se ponía de pie, más al observarlo, vio que Pedro Fukuda, en medio de la oscuridad manifestaba una figura iluminada, y un rostro que reflejaba terror, sus ojos redondos brillaban como espejos. En su pánico, Taira san, aun pudo reflexionar en su confusión, había que abandonar cuanto antes la fábrica, invadida en esos momentos según consideraba, por fuerzas espirituales inicuas.


Taira san, ensayó toser para romper el hechizo circundante y darse nuevas energías, más no logró gran cosa... su corazón latía como un potro desbocado, amenazando con salirse de su pecho, sudaba copiosamente y su frente estaba perlada de gruesas gotas frías; sin embargo, haciendo supremo esfuerzo, agarró con mano temblorosa la de Pedro para indicarle que abriría la puerta. Pedro, que había comenzado a rezar, comprendió la indicación y lo siguió trasponiendo la entrada… En ese momento, la tormenta desataba su furia y como un latigazo retumbo un trueno en la cercanía… Las piernas acalambradas de los amigos se iban soltando dolorosamente y poco a poco comenzaron a responder a su voluntad… Pronto alcanzaron la puerta principal de salida, la abrieron con mano trémula y la transpusieron… un nuevo rayo retumbó, duplicándose en el eco de los cerros aledaños... una intensa lluvia  mojó sus rostros demudados…estaban fuera, la pesadilla había terminado, eso era lo importante.

Unos metros más allá, desde su cabina de control donde se guarecía de las inclemencias, un policía los saludó extrañado mirando su reloj, eran las doce y diez de la y noche, ignoraba que aun quedaba personal en esa zona…Para Taira san y Pedro Fukuda , será para siempre un enigma lo que les pasó…ellos salieron a las siete y cuarto de la noche y nunca sintieron que hubieran transcurrido tanto tiempo atrapados por espíritus inicuos… nunca se lo explicarían ¡Oh, misterio!.

Japón-Tochigi Ken, 22 de diciembre de 2008
Archivo BITACORA 13 (JAPÓN  33 - 20081222) Ohirashita



jueves, 22 de septiembre de 2011

MI AMIGO "OLLUQUITO" - Bitácora 13


Eudocio Martínez Torres
Armador pesquero
chimbotano
 Relatos del mar:
Mi amigo "Olluquito"  (*)1

Escribe: Hugo Tafur
      (peruano)
Hace treinta años que nos conocemos, nuestra amistad nace a bordo de la lancha “Islay”, de la Compañía Pesquera “Santa Martha”, propiedad de los Del Río Málaga, donde  tripulantes compartimos las arduas labores del mar; por esa época, se mantenía vivo el recuerdo de la tragedia de la lancha "Moby Dick", pequeña embarcación que en la década del sesenta se perdió con toda su tripulación sin dejar rastro; por ello, un sentimiento de incertidumbre, temor e inseguridad, atenazaba el corazón del hombre de mar que al embarcarse, podría ser la última vez. Las condiciones precarias en las que se  trabajaba, eran una amenaza constante a la integridad física y a la vida. Se me ocurre, que nuestra existencia se bamboleaba al compás de las marejadas, nadie sabía, si al retornar la embarcación de su faena de pesca, estaríamos volviendo sanos y salvos al hogar. Era la época, en que con sólo un compás y un ecosonda nos hacíamos a la mar. No contábamos con más instrumentos, ni equipos para navegar y pescar con seguridad.

Desde que nos conocimos allá por el año sesenta y uno, nació entre nosotros una corriente de simpatía…. como anécdota, recuerdo que al principio no vocalizaba bien mi apellido y me llamaba “Tajurito”. Eudocio, venía de trabajar en "La Boquita" (Samanco), donde por un tiempo vivió en el barrio “Cantagallo”, por lo que tenía experiencia en los menesteres del mar;  ya domiciliado en Chimbote, un buen día, Raúl Quijano Delgado, patrón de la lancha "Islay", lo incorporó como tripulante. Desde que se embarcó, puso mucho interés en cumplir las tareas de ha bordo, además, mostraba amplio conocimiento: cuadraba paño, remendaba, cabalgaba plomo y corcho con destreza y "tiraba" aguja de manera incansable; en su relación con los compañeros, se  esforzaba por simpatizar con todos, pero era evidente, algunos no simpatizaban con él y lo discriminaban llamándolo con desdén "Olluco", apodo que trajo y que alguien se lo puso quizá por su origen andino; sin embargo, no recuerdo que le incomodara en gran medida, en todo caso, lo sobrellevaba con indiferencia, actitud inteligente que pronto hizo amainar tal necedad, que pasó al olvido por no darle importancia… aunque “la chapa” si quedó para siempre, como pronto veremos ya que el mismo se encargó de relevarla. En esa época, a pesar de mi juventud, ya tenía una postura clara basada en el respeto, sobre discriminación o racismo, por lo que valiéndome de la consideración que me había ganado entre los compañeros adultos, me opuse a sus bromas contra él…

Un día llegamos rezagados a la zona de pesca, sin embargo, con mucho oficio, Raúl metió a la "Islay” entre las lanchas caladas y vimos que algunas habían cortado dos bolsas y envasaban la primera; otras, con suerte, llegaban y mandaban arrear… En ese torbellino que implica los boliches en el agua, nuestro proero, el “Negro Acasuzo", muy atento auscultaba la superficie del mar, para descubrir por la estela de la gorgorada la cantidad y dirección que nadaba la mancha de peces… en el puente, la ecosonda funcionando rotaba sobre el papel humedecido, marcando la profundidad y el tamaño, si era un banco de anchovetas considerable no se perdía oportunidad. En ese lapso de ansiedad y expectativa, cada uno debería mantenerse en su puesto muy atento, tanto para evitar riesgos personales como para cuidar que la cala resultara impecable,  ya que identificada la oportunidad, la acción siguiente es calar sobre la marcha, lo que de hecho configura peligro latente mientras se tiende el cerco con el boliche; luego, si la cala es exitosa, una gran bolsa de peces es la compensación a la intuición y al arrojo... En esas circunstancias, los lobos, las pardelas, los guanays y los pelícanos, disputan la pesca dándose un gran festín junto a los corchos, por donde las desesperadas anchovetas en una infernal saltadera y convulsión, tratan de eludir el cerco.
En aquella ocasión, no tardó en presentarse la oportunidad, el "Negro Acasuzo", le indicó a Raúl la dirección que corría la anchoveta, y de inmediato, "El Lunarejo" Quijano, dio la señal preventiva: ¡Listos, listos!.. y todos, muy atentos, nos ubicamos en nuestros puestos siguiendo con la mirada el accionar del capitán en la caña y  esperando su orden de ¡Arrea! Eudocio, escuchada la voz preventiva, corrió a la popa y un poco a gatas se trasladó a su chalana, ubicándose de pie en la bancada, desde donde en señal de triunfo abría los brazos. Había sido requerido por esos días como chalanero y no se negó, aceptó el reto de laborar en ese puesto donde mostró confianza y decisión, se la estaba jugando y nadie lo sabía, días después lo supe... no sabía nadar; debió ser un drama para él, pero lo afrontó sin mostrar temor, cumpliendo cabalmente la tarea que le encomendó el patrón de la embarcación, nunca le vi arrugar, se mantenía atento, en todas las maniobras de cala, secado y envasado, hasta que habían finalizado y el plateado pez yacía en la bodega.

Ahora, entre la bruma  del tiempo, saltan los recuerdos... y en la distancia, pienso: ¿Cuántos chalaneros experimentados, sufrieron graves percances o accidentes al ser arrastrados, colisionados o hundidos, por su propia embarcación en el momento mismo de la cala? Otros, por diversas circunstancias fortuitas se soltaban de la maniobra, perdían los remos, se llenaba de agua la chalana y esta se iba a pique, inermes, eran arrastrados por el viento o las corrientes marinas que lo alejaban de su nave, esta situación no era extrema mientras la chalana generalmente de madera, mantuviera su autonomía de flotación y a la vista; sin embargo, se tornaba delicada y peligrosa para el chalanero, cuando era alejado por el viento o las corrientes marinas en medio de la oscuridad de la noche o la neblina, ya que pronto se perdía contacto visual... chalana y chalanero quedaban expuestos al peligro de ser arrollados por otra embarcación o perderse en la oscuridad de la noche, y esto, debido a la imposibilidad de emprender su inmediato su rescate por tener  el boliche en el agua que sólo para levantarlo, sin pesca, se precisaba por entonces de unas dos horas promedio. Se dieron casos,  que chalaneros a merced del viento, la oscuridad, la neblina o sabe Dios porqué perdieron la vida. El ser chalanero o panguero, implicaba y debe seguir implicando un riesgo perenne, por las condiciones inestables e inseguras del puesto... que siempre, a pesar de contar las pangas con un motor instalado, esta sujeto a hechos fortuitos.

Recordemos... En los primeros años de la década del sesenta (1951-60), las pequeñas embarcaciones de madera de 15, 25 y 30 toneladas de capacidad de bodega, resultaron muy pequeñas para la ambición y planes de los armadores de entonces. Estas antiguas embarcaciones, tenían como maniobra inicial para pescar, una boya de corchos que se arrojaba al mar al iniciar la cala, tanto como referencia para ejecutar el cerco, como también, para levantar el cabecero de proa, por ello, al terminar de caer el boliche en círculo, la embarcación volvía al punto de inicio y recogía con un gancho fijado en una vara de eucalipto la mencionada boya, la que luego al pulso de dos hombres, teniendo como ayuda el bamboleo de la marejada, permitía subir y finalmente fijar el cabecero, en alguna bita dispuesta en la proa de la embarcación, mientras en simultaneo, otros pescadores ejecutan con destreza el cierre de la bolsa con el engaretado. 

Años después, fuimos testigos, de cómo es esta maniobra fue abandonada por la ampliación de bodega, los nacientes "tiburones de la pesca" industrial, acicateados por su insaciable ambición, avivaron su inventiva, mandando a construir embarcaciones de madera o metal de 90, 100 y 120 toneladas de capacidad, las mismas que rápidamente fueron superadas por otras de mayor capacidad, esto sumado a la falta de una política de estado de protección y conservación de nuestra riqueza ictiológica, propició la depredación irracional de las especies marinas del Mar Peruano, y con ello, el deterioro brutal de nuestra Bahía "El Ferrol", ya que las aguas residuales de las fábricas se vertieron en ella con saña por miles de metros cúbicos cada día, cubriendo su suelo marino con fango, que terminó por liquidar la despensa piscícola y marisquera  de los chimbotanos (*)2. Con esta primera ampliación de bodega y lanchas más grandes, crecieron los aparejos pesqueros y la maniobra que describimos líneas arriba, la boya de corchos, fue abandonada y remplazada por una pequeña chalana de madera.

Estas embarcaciones menores de fondos planos, se construían sin ningún criterio, mejor dicho, sin calcular ni ajustarlas técnicamente al tamaño de las embarcación que la usaría; era evidente, que tampoco  tenían en cuenta la seguridad, es decir, la posibilidad que en caso de emergencia sirvieran como balsa de salvamento de la tripulación, que con la evolución del tamaño y  capacidad, generalmente era superior a diez pescadores en cada una de ellas. En conclusión, esas chalanas endebles, inestables y pequeñas, no representaban ninguna garantía para la seguridad del pescador, pues fácilmente se llenaban de agua y se iban a pique. Por entonces, conocimos casos insólitos, en la que pescadores en emergencia, por su número se turnaban para ir dentro de la chalana y otros fuera de ella, nadando cogidos de su borda, expuestos innecesariamente al ataque de cualquier escualo depredador hasta ser rescatados. 

La maniobra que se efectuaba en estos adminículos, en el momento de calar era la siguiente: Se aseguraba el cabecero del boliche, en la bancada de proa de la pequeña chalana de madera; adujados por separado, con mucha claridad, estaban los cabos del cabecero y gareta de proa, en cuyas puntas tenían adosado un jibilay de nylon de unas quince o veinte brazas cada uno, precedidos por una piña la que era arrojada como una boleador hasta la proa de la embarcación que al terminar de calar en círculo como señalamos, volvía al encuentro de la chalana que dejó caer. Manos veloces y prácticas ejecutaban la maniobra final, que consistía, en asegurar el cabecero del boliche en la  proa de la embarcación y efectuar velozmente el engaretado para cerrar la bolsa. Esta maniobra finalizaba cuando se percibía a flor de agua las anillas y los que engaretaban reducían la velocidad, haciendo firme el de proa y terminando la maniobra muy suavemente el hombre que engaretaba en popa. Acto seguido, se estrobaba y levantaban las anillas con el doble, quedando el plomo a la altura de la borda. El cardumen no tenía escapatoria, en ese momento, el patrón estimaba la cantidad atrapada y decidía si se cortaba o no. Luego se procedía a secar la bolsa y finalmente a trasladar la pesca desde la bolsa a la bodega de la lancha, usando como instrumento el “chinguillo” o el “Hula hula”. Unos cinco años después, se comenzaron a instalar los absorbentes que modificaron la maniobra del embasado y terminaron con el uso del "Hula hula" y el "Chinguillo". 

En esa rutina de ir y venir a la zona de pesca, en horas y horas de plática y navegación, todos fuimos haciéndonos más amigos. Los más de los días, la “Islay” venía cargada, lo que era crédito para “El Lunarejo”, Raúl Quijano Delgado, por ello, cuando la compañía creció y comenzó a incrementar su flota, llamó a nuestro “Capitán” para que se hiciera cargo de una nueva embarcación que se traería del Callao. Por entonces, los funcionarios más visibles de la Pesquera "Santa Martha", eran: Ingº César del Río Málaga, hijo del propietario de la pesquera y sobrino de doña Clorinda Málaga de Prado, esposa del ex presidente del Perú, don Manuel Prado Ugarteche); don Miguel Bossio, primer administrador de la pesquera y Jaime de la Flor, dinámico jefe de bahía. Previamente, iniciamos el armado de un boliche apropiado, más largo y con más altura, este fue para mí según recuerdo, el primer boliche que Eudocio, trabajó como "redero" en la Cía. “Santa Martha”, bajo la supervisión de Raúl Quijano; fue así, como Eudocio Martínez, inicia su carrera hacia su superación personal, ya que con esta experiencia, tiempo después,  es requerido por Pesca Perú como "Redero", oportunidad que no desaprovecha y que le permite encontrar la hebra del camino a seguir. En su caso, pienso, fue una suerte el haber sido llevado por Raúl Quijano a la “Islay” de la Cía. "Santa Martha", donde "se recibió" en el oficio que le abrió las puertas de la oportunidad.  Si mal no estoy informado, fue Raúl precisamente, quien le extendió o le firmó el primer "Certificado de Redero" para que pudiera trabajar en Pesca Perú.

En una crónica que escribí hace unos días sobre mi amigo Raúl “El Lunarejo” Quijano, Incluí brevemente (líneas que he retirado, para incluirlas aquí) un hecho que posiblemente rubricó mi amistad con Eudoxio Martínez, y ocurrió así: Habíamos terminado de descargar en el “27 de Octubre” y nos dirigimos al muelle Gildemeister para hacer petróleo y proveernos de agua potable, estábamos de guardia, y mientras esperábamos turno para ingresar al muelle, nos pusimos al garete; todo sucedió en fracción de segundos, Eudocio evidentemente distraído, salió del camarote y caminaba agarrándose fuera de la borda con la mano derecha, justo cuando una lancha por su espalda se acercaba peligrosamente hacia la nuestra, teniendo como punto de fricción o colisión donde se encontraba la mano de mi amigo. Yo que caminaba hacia el camarote, de frente hacia él, me percaté del peligro y de un salto, con un golpe hacia arriba retiré la diestra en el preciso momento que chocaba la embarcación, de la sorpresa, Eudocio paso a la manifestación de alegría, abrazándome y diciéndome: “¡Gracias, hermanito!...me salvaste la mano”.   

Pero cómo llegó a ser tripulante de la “Islay”, compañero de trabajo. Esa anécdota me la contó Raúl, cuando lo llevó a la lancha... “Un día, cuando volvía del centro de Chimbote, encontró a Eudocio en la puerta de su casa de La Florida, esperándolo, recién volvía de visitar su tierra y le traía como regalo un carnerito. Luego de una breve conversación le dijo: “Hermanito, Raúl…mañana te espero en mi casa para almorzar…he traído unos cuycitos”; al día siguiente, “El Lunarejo”, disfrutaba de un opíparo almuerzo y una excelente atención en base a esos nutritivos roedores andinos, rociado con unos tragos. Luego, como en la tradición de don Ricardo Palma, “El Cañoncito de Ramón Castilla”, vino la consiguiente petición: “Hermanito Raúl, embárcame en tu lancha la temporadita”…complaciente “El Pelao” con el amigo, aceptó su petición; días después, se embarcaba como  tripulante de la lancha “Islay”... sin saberlo, Raúl “El Lunarejo” Quijano Delgado, se trasformó en el protector del que años después, se convertiría en uno de los armadores pesqueros más importantes de nuestro puerto.

Creo que su crecimiento inicial fue construido con muchas privaciones, era un típico "puño de fierro", no malgastaba su dinero en borracheras o mujeres, como era práctica común en la mayoría de pescadores en esa época de oro... a lo sumo, para matar el tiempo de travesía, en el camarote de la lancha jugaba con los compañeros a las cartas, apostando monedas de ínfimo valor; después, posiblemente, aprovechó al máximo las oportunidades que se le presentaron. Pienso que en su evolución recorrió no solo un camino de trabajo y privaciones, sino también de humor, ese humor propio de personas sin complejos, que aceptan la vida con desinhibición, incluso burlándose de si mismos al aceptar con criolla filosofía e indiferencia un apodo pronunciado con desdén… quizá en su fuero interno, era para cobrarse la revancha de su origen humilde y las necesidades que pasó cuando niño; también, por las humillaciones de que fue objeto adulto, por personas racistas, intolerantes o envidiosas, que con desdén lo llamaban “Olluco” por su origen andino. Él en su momento, respondió con mucha agudeza y humor, bautizando a su primera embarcación con el nombre de “Olluquito”; cuando lo supe me hizo mucha gracia, pero comprendí que Eudocio no tenía complejos y ese progreso se reconoce en cualquier latitud.

Por mucho tiempo, desde que dejé el mar en 1964, para retomar a estudiar, lo perdí de vista... nunca, después de esa época juvenil, se me ha presentado ocasión para dialogar como antaño, cuando navegábamos a bordo de la histórica "Islay", lo que de hecho hubiera originado que esta crónica tuviera más agregados y precisiones, posiblemente anécdotas de su niñez, su familia y su éxito económico. Alguna vez, muy a lo lejos, lo veo por el centro de la ciudad o cuando pasa a bordo de su auto, en los casos que me avista, me dispensa saludo deferente y respetuoso, llamándome “Hermanito Tafur”, señal de que nuestra vieja amistad nacida en el mar hace treinta años, no ha sido olvidada... Donde se encuentre Eudocio Martínez, mi amigo "Olluquito", un saludo de chalanero... Remo triunfal, al aire.

Chimbote 29 de Enero de 1991
Archivo BITACORA 13 (Chimbote - 19910129)
Revisada para el Blogg (JAPÓN 32-20110911) Tochigi Ken 
(*)1.- Esta crónica escrita hace más de 20 años, permaneció inédita en el  archivo de Bitácora 13, debido al problema en que se vio envuelto Eudocio. Después de tantos años, ve la luz en mi blogg de internet, con el mismo título y texto de la nota original, a la que sólo hemos hecho pequeñas correcciones ortográficas y agregados. La crónica libre del personaje central, al cual dedico, contiene información de interés general sobre la historia de la pesca en nuestro puerto. Como "escribidor" y periodista, tengo la obligación ética de ser veraz y como amigo, la virtud de ser leal y sincero con el humilde o con el acaudalado. Vetar esta nota o negar  mi amistad con Eudocio Martínez Torres, como algunos "despistados" me sugieren, por más controvertida que parezca, implicaría borrar a todos mis queridos amigos que compartieron vivencias en la historica "Islay", lancha de fierro, popa redonda, con motor Caterpillar 342. Sería borrar de un plumazo felices años de mi vida juvenil en el mar; y con ello, como dije, a decenas de valientes compañeros de odisea, que lograron con su esfuerzo, tesón y coraje, el título, que un día Chimbote lució con orgullo: "El Puerto Pesquero más Grande del Mundo"; entre ellos, Eudocio Martínez Torres, "Mi amigo Olluquito".   
(*)2.- Por su privilegiada geografía, la Bahía El Ferrol, de 22 kilómetros cuadrados, es una de las más  hermosas del planeta y su puerto, uno de los más estratégicos para el intercambio internacional. En la épocas pretéritas al año 60, la Bahía El Ferrol, era una área de gran potencial ictiológico y marisquero, despensa natural de los chimbotanos, énclave turístico y bahía hermosa. Sin embargo, nada de estas condiciones sobresalientes iluminaron la mente de nuestras sucesivas autoridades para evitar su deterioro, permitiendo que en su costa se instalen fábricas pesqueras y manufactureras, que arrojan su desagües a la bahía, al igual que la Empresa Siderúrgica, los hospitales y los astilleros. Finalmente, el crecimiento poblacional de nuestra ciudad, que no cuenta con un sistema adecuado de eliminación de aguas residuales, precipitó su deterioro paulatino. Años recientes, en el gobierno del Dr. Alejandro Toledo Manrique, se hizo el intento de restablecer el ecosistema de la bahía, declarando de interés nacional la solución integral de los problemas de contaminación y destrucción de la Bahía; para ello, con el Decreto Supremo Nº 005-2002-PE se creó la Comisión Técnica Multisectorial de Alto Nivel (CTM) presidida por el señor Julio  Gonzales Fernández, encargada de proponer el indicado plan;  a fines del 2002, la CTM, solicitó la cooperación técnica a la Agencia de Cooperación  Internacional del Japón - JICA, la cual aceptó brindar cooperación técnica para el referido estudio. JICA, con el apoyo de 9 consultorías, tuvo listo el "Plan Maestro y Planes de Mediano y Corto Plazo" para la recuperación de la Bahía El Ferrol, en enero del 2004 (ver Diario Regional "Las Últimas  Noticias", de Chimbote, Jueves 15.01.04, pág. 05) en dicho informe final, se determina que nuestra hermosa Bahía El Ferrol, había acumulado en su fondo un fango de 2 metros y medio de alto de sedimento tóxico contaminante y que las hélices de las naves al rotar en el mar removían este fondo espeso y salía a la superficie manchas negras con olores fétidos irrespirables y contaminantes. 

          

martes, 20 de septiembre de 2011

Raúl Quijano"El Lunarejo"(Relatos del mar) - Bitacora 13

Chimbote: La pesca de ayer
El Lunarejo
Escribe: Hugo Tafur
        (peruano)
Es de madrugada, una tenue neblina arropa con brocados de seda la bahía. El fondeadero de La Caleta muestra la rutina de siempre... mar sereno, lanchas atadas a sus fondos meciéndose perezosamente... de rato en rato, la quietud de la rada es rota por el chapoteo de los remos que cual brazos flacos se introducen en el agua para hacer avanzar una chalana, pequeña embarcación de madera, que pesada, se desplaza lentamente en la madrugada transportando tripulantes desde el muelle hasta sus lanchas. Otros pescadores previsores, han preferido venir a sus “cachos” (lanchas) a “empapayarse”(dormir) temprano y no quedarse dormidos en sus “jatos” (sus casas).
-     ¡Chalana!.. ¡Chalana!.. ¡Charo, de mierda apúrate!.. grita un impaciente pescador.
-     ¡"Sol y sombra"… "sol y sombra"!.. Aparecía "el cholo" acriollado, empujando reciamente los remos de su chalana.

El bromearse, el burlarse y a veces decirse una respuesta soez, es normal, una constante en la vida del pescador... los tripulantes que recién se embarcaban en sus lanchas,  eran víctimas de “pullas” y “batideras”, de los que quedaban en la chalana transporte:
-     Duerma tranquilo compadrito… que en el “jato” ya llegó el “cachudo” a cuidar a la patrona”… ja ja ja.
Picado el que recién llegaba, “batía” a los que estaban durmiendo en los camarotes:
      -    ¡Puta, estos no tienen casa!.. ¡Compadre “Zarcillo”, lo han botado temprano del “jato"!
      - Otro, más sarcástico, agregaba desde su camarote: “¡No!.. hoy, le tocaba al “cachudo”… ja ja ja.
Como dijimos, esta expresión festiva, es clásica en la vida del pescador, pareciera que de alguna forma se relaciona con la incertidumbre del mañana… y así aligeran o dispersan esa carga emocional del peligro, que se inicia al trasponer la borda de cada embarcación… pues son concientes, que las condiciones en que se desarrolla su labor, es violentamente insegura y que la muerte ronda en cubierta… decenas de casos lo confirman.

De pronto, el fondeadero despierta, se torna en un laberinto de ruidos, se prenden las luces de navegación de las embarcaciones y los motores cual gigantescos guerreros, despiertan lanzando su grito de guerra dispuestos a la lucha; los patrones golpean el puente, convocando a la tripulación de guardia:
-       ¡Vamos, “gallada”…levanten fondo!
Aquí y allá se entremezcla el traqueteo de las cadenas deslizándose por las rondanas que levan el ancla. Los gritos de ¡Lleva! ¡Arrea!...se escuchan por doquier... igualmente, el arrastre y tintineo de las cadenas que son adujadas en la cubierta de la proa, junto al ancla.

Finalmente, liberadas del fondo que las inmobilizaba en el fondeadero, las embarcaciones pesqueras, con velocidad al mínimo, abandonan la  rada de “La Caleta”; una tras otra, van “La Céfira”, “El Aguila”, “Tenacity”, “Flor de Chimbote”, “Ana”, “Luz”,  “La Gaviota”, “El Piquero”, “Calipso”, etc. Las luces de navegación de cada una han sido prendidas, configurando un espectáculo de farolas, es un desfile de vida, fe y esperanza. Todas se dirigen a la “Bocana Chica” y algunos a la "Bocana Grande", al  trasponerlas, se deja atrás la hermosa "Isla Blanca" y el imponente "Cerro de la Juventud",   a la vista nuestra cuarta región, el Mar de Grau, abierto, inmenso... Los motores al ser exigidos a su máximo, lanzan un ronquido extenso como un grave aullido,  rumbo a la zona de pesca; por su reconocida velocidad, “La Flor de Chimbote”, con el “Tío Merfi”, navega a la cabeza de la lanchada, entre ellas “La Islay”, lancha de fierro con popa redonda, de propiedad de la Pesquera “Santa Martha”, de los Del Río – Málaga... su patrón, un joven y experimentado pescador, a quién los propietarios le han otorgado la alternativa confiándole la embarcación, su nombre: Raúl Quijano Delgado, conocido como “El Lunarejo”. El pelao, a fuerza de trabajo honrado, se hizo patrón, siendo niño conoció la necesidad, con mucho empeño junto a su hermano Mabel, paliaron la pobreza del hogar tejiendo esteras desde la madrugada, hasta sentir que se les rompía el espinazo; apenas pudo, aprendió el arte de la pesca y se incorporó al mar, junto a su cuñado Samuel Obeso Rubio, el mejor "Capi" de la empresa, la oportunidad le sonreía y no la desaprovecho. Por entonces, la pesca era casi costera, los boliches no eran muy altos y se recogían sobre la cubierta de la embarcación a pulso, moño al centro o abracándolo todo con estrobo.

“El Lunarejo”, nunca olvidó su procedencia, cuando armó su tripulación para “La Islay”, dio oportunidad a pescadores experimentados y muchos jovenes que se iniciaban: El “Negro Acazuzo”…, Armando “Challe”, “El Calvo” García, “El Casmeño”, Octavio "El Gansito" Irribarren, Julián "El Zarcillo" Ramírez, Mabel “El Cojo” Quijano (hermano de Raúl), Telmo "El Flaco" Orrillo; Eudocio "Olluquito" Martínez Torres, “El Gatito”…, Simón "El Doctor" Obeso, “El Chino Rajao”… y otros, que escapan a mi memoria. Tripulación que era “brava chambeando”, se rompían bien… pese a las maniobras peligrosas que se efectuaban a la hora de secar las grandes bolsas de pescado...  y Raúl, “El Lunarejo” Quijano, fue creciendo en prestigio, pronto fue un "capitán" considerado en la Pesquera "Santa Martha". “La Islay” venía “sopa” (cargada al límite) los más de los días, lo que satisfacía y ponía muy contento a César Del Río, Miguel Bossio y Jaime de la Flor, funcionarios que habían confiado en el novel patrón.

Por esa época, ocurrió una anécdota que siempre la recuerdo y que para la gran mayoría pasó desapercibida: El gran gurú de la pesca peruana, Luis Banchero Rossi, había sofisticado la forma de detectar el cardumen, usaba para ello una avioneta que sobrevolaba el mar y ubicaba los bancos de anchoveta, luego, el piloto desde el aire, daba las instrucciones a la lanchada de su compañia y estas se dirigían hacia el lugar, pescando con éxito, mientras, muchos retornaban a puerto "volando alto"; pronto, "el acertijo" fue resuelto, por los avispados patrones de otras compañias, ya que las coordenadas del "Gringo", eran trasmitidas en una frecuencia de radio que todos podían captar, asi que el informe privado se convirtio en un secreto a voces,  y la lanchada de Banchero, siempre tenía compañia que les disputaba "los morados". Así, un día, que estaba amoscado, el "Gringo", porque posiblemente había recibido una reprimenda, antes de volver a su base, bien entrada la tarde, trasmitió con mucho entusiasmo: ¡Morado!.. ¡morado!.. ¡morado!.. y dio las coordenadas; está demás decir, que al día siguiente, un buen número de incautos cayeron en el engaño... mientras la lanchada de Banchero, y los que los siguieron, frente a Salaverry, cargaban sus embarcaciones.

La rutina de la pesca de anchoveta se cumplía más o menos así: Al amanecer, entre oscuro y claro, comenzaba a percibirse pequeñas “saltaderas”, los proeros, muy atentos, oteaban las manchas del cardumen plateado, estableciendo su dirección de nado por la estela de gorgoreada que dejaba y el patrón en el puente, estimaba la cantidad por lo que le marcaba la ecosonda, mandando arrear si era una mancha considerable. En esa época abundaba la anchoveta, era bien raro “pajearse” (no cercar nada), dos calas o en el peor de los casos tres, bastaba para cargar la embarcación. Después de secar la bolsa, con veloces y oportunos moños al ritmo de la marejada, se estrobaba y se llevaba con el gancho del sencillo, luego de esta ardua y peligrosa tarea, se procedía al envasado; por entonces, esa labor, se hacía con “chinguillo” o “hula hula”, todos se mojaban bien, expuestos a las inclemencias del tiempo, pero eran momentos gratos. No estaba popularizada la ropa de agua y se trabajaba solo en trusa y polo... algunas escamas, adheridas al cuerpo que llevábamos a casa,  daban cuenta de la dura labor. 

Uno de esos días que uno esta “piña”, "con el santo de espaldas",  desde que amaneció, “El Lunarejo”, se comía el mar pampeándose, pero no se encontraba nada, transcurrió la mañana y la situación no variaba un ápice. Para empeorar el asunto, la neblina se metió bien espesa, la lanchada comenzó a divagar. “La gallada” se pasó la mañana “hueveando", jugando casino y apostando minucias, otros durmiendo y comiendo  “como músicos”…
-    Como siempre, palomilla “El Chino Rajao”, sacó la cabeza del camarote y le sugirió al patrón: ¡Ya Raúl, dale a puerto! Para ir temprano "al sitio” a ver a la Pocha… ja ja ja
-    El “Calvo” García, agregó a la chacota: ¡Compadre, vamos para sorprender al  cachudo!… originando una gran carcajada de toda la tripulación.

“El Lunarejo”, siguiendo el ejemplo de su cuñado, Samuel Obeso Rubio, no se rendía así nomás: "sin pesca, ni hablar"; al final, hacía una de sus sorprendentes cábalas: Abría la mano izquierda, escupía en ella…y con la mano derecha hacía una cruz y luego le aplicaba un golpe como de karate, la dirección con que salía la baba, era el rumbo que elegía para “jugársela” y hacia allá se dirigía, y vaya, que en más de una ocasión salvamos de “troncharnos”, en la dirección así elegida al azar encontrábamos pesca...

Ese joven patrón, Raúl Quijano Delgado, de extracción humilde, supo a fuerza de trabajo duro y previsor, construir su futuro exitoso. Hoy es armador pesquero, cuya compañía da trabajo a decenas de pescadores que laboran en sus embarcaciones, “Don Raúl”, “Dorita”, “Dora del Pilar” y “Pilar” y también en sus oficinas y campo donde arman y reparan boliches pesqueros. Raúl, es en suma, eficiente  hombre de mar, exitoso armador pesquero y feliz padre de familia, cuyos hijos se han sumado a la administración de su compañía.

Con esta crónica, quiero rendir homenaje, a los bravíos hombres porteños que con su esfuerzo y coraje en el mar de Grau, labraron la grandeza de Chimbote, elevándolo en el orbe, con el reconocimiento de “El Puerto Pesquero más Grande del Mundo”. En la persona de Raúl Quijano Delgado, mi amigo, mi profundo agradecimiento y gratitud, por que al ser requerido por un jovencito de apenas 16 años para un puesto de trabajo en la nómina de su tripulación, no dudó en aceptarlo y otorgarle su confianza, aceptándolo como tripulante. Ese imberbe jovencito, era yo... Pasado los años, a veces siento nostalgia por el mar y cuando me permiten los días no laborables de la empresa siderúrgica donde laboro actualmente, me embarco para reactualizar mi admiración y cariño por el Mar Peruano... para ello, mantengo actualizado mi carnet y libreta de embarque... aunque mi madre enterada de estos furtivos retornos, me ha rogado que ya no lo haga... tiene temor que me pase algo malo... la escucharé, no quiero angustiarla...
Nota: El fragmento, donde relato como embarca Raúl, a mi amigo Eudocio Martínez, como tripulante de la lancha “Islay”, lo he transferido a la crónica “Mi amigo Olluquito”, escrita el 29.01.1991.

Chimbote, Enero 08 de 1991
Primera Publicación: En el Periódico “Ultimas Noticias” 
Chimbote (16.01.94)
Segunda Publicación: Diario “Las Últimas Noticias”
(Lunes 22.12.03) Pág. 10
Revisada para el blogger (JAPÓN 31-20110920) Tochigi Ken   
   

jueves, 15 de septiembre de 2011

Las parteras de Chicama (Personajes) - Bitácora 13

Las cigüeñas de Chicama
Las Parteras

Escribe: Hugo Tafur
         (peruano)
Hace mucho tiempo, que esta nota de gratitud, permanece en el tintero. Tengo la seguridad, que muchos al leerla se identificarán con ella, de modo especial los chicameros que recibieron el beneficio de tan singular atención. Me estoy refiriendo a las benditas parteras, cuyo concurso en la atención, consejo y apoyo a nuestras madres, contribuyeron a una feliz y segura manera de llegar sanos y salvos a este mundo. También pretendo con esta nota, hacer un reconocimiento a la labor de esas mujeres, que con su  sabiduría práctica en el mundo de la maternidad, como parteras, desempeñan en el Valle de Chicama con mucha capacidad la noble profesión, posibilitando  con su sabia atención, el nacimiento feliz de cientos de "chicameros" de varias generaciones. Posiblemente, muchos, no ven la importancia de esta actividad y otros con indiferencia la desdeñen; sin embargo, es cuestión de ubicarse en el tiempo y el espacio. Subrayemos, que en todas las épocas que nos precedieron y en todos los estratos sociales, fue necesaria su presencia ya que de su oportuna atención pendía muchas veces la vida y la salud de la madre y el nuevo ser. En épocas pretéritas y aun ahora en muchos pueblos, el alumbramiento en casa es el más deseado, por ser mediático, más íntimo y menos traumático; consecuentemente, generaba la posibilidad de atender con esmero y prontitud las necesidades de la parturienta y el recién nacido.

Fresco permanece en mis recuerdos de niño, las parteras de mi pueblo, personas muy populares y solicitadas, como: doña Jesús de Mendoza, doña María Abanto y doña Andrea Alvarado, tres matronas muy queridas y respetadas por los moradores del valle, pues en sus manos nacieron la mayoría de "chicameros" de varias generaciones. Mujeres sencillas, pero de gran personalidad, con enorme conocimiento y sabiduría, cuya presencia junto a las futuras madres, eran garantía de un parto feliz. Cuando vienen a mi recuerdo, me parece verlas desplazándose por el pueblo con apurado paso, mientras en el camino recibían el saludo respetuoso y grato de grandes y chicos. 

Yo tuve el privilegio de llegar a este mundo con la asistencia y atención de una partera, su nombre me causa mucha ternura y gratitud, Jesús de Mendoza, atendió a mi madre con mucha solvencia y comprensión. Ejercía su profesión con mucho oficio y habilidad; me contaba mi madre, que ella le brindó las atenciones primarias durante su embarazo, dándole consejos y chequeándola periódicamente y con mucha más frecuencia cuando se acercaba el día de mi nacimiento. Mi madre era una jovencita de quince años cuando esperaba mi llegada, por dicha razón, Jesús de Mendoza, puso especial énfasis en el seguimiento de su embarazo, preparándola psicológicamente para un parto exitoso y sin contratiempos como así sucedió. Posteriormente, asesoró por muchos meses a mi madre, en cuanto a mi atención, protección y cuidado. Prácticamente, ella compartió con mi progenitora, la experiencia de ser madre por primera vez, conduciéndola con conocimiento y sabiduría por el misterioso camino del crecimiento del bebé en el antro materno y alumbrar nueva vida. Años después, sigo manifestando por esta respetable mujer mucho cariño, llamándola con reverencia y respeto “madrina Jesús". Nunca olvidé el cariño que me prodigó cuando niño, tanto ella, como su esposo Eusebio Mendoza.

Convencido de la importancia de su trabajo y de la sabiduría con que auscultan y conducen a sus pacientas en estado, me he formulado con mucha admiración algunas interrogantes: ¿De dónde adquirieron tanta sabiduría las parteras de mi pueblo? De manera sencilla, sin complicaciones, cumplen con solvencia su condición de profesionales de la salud, logrando con sus singulares métodos, partos normales sin riesgo. El resultado de mi investigación ha concluido, que las parteras como cualquier galeno de la especialidad, ejecutan un plan de atención para cada caso; previamente, hacen un seguimiento y acompañamiento a la embarazada, con visitas prenatales en un ambiente íntimo, durante las cuales con mucha sensibilidad y valiéndose de tecnologías sencillas como un estetoscopio auscultan, contemplan e interpretan, no solo los diferentes cambios biológicos de las futuras madres y sus bebés; sino también, desarrollaban prácticas directas como la palpación uterina para sentir al bebé, conocer su ubicación, crecimiento, cantidad de líquido, peso, etc. Todas estas visitas, también les permitían formarse un juicio privado del ambiente cultural y psicológico en el cual se desenvuelve la futura madre y en el cual se desarrolla el nuevo ser; información muy apreciada y de gran importancia para la medicina moderna. Estas visitas, también eran aprovechadas, para ir comprometiendo la participación activa del esposo en el nacimiento y futura crianza del bebé. Su actuar tan natural, completo y profesional de las parteras llamó siempre mi atención; mucho más, cuando usaban con mucha certeza  medicina naturista; cuando con movimientos muy precisos acomodaban al bebé en su posición para nacer. Indudablemente, secretos que les viene de la profundidad de los tiempos, del conocimiento ancestral de sus antepasados y de cuya sabiduría ellas son sus depositarias y herederas.

También me preguntaba ¿Porqué tanto autoridades, cómo ciudadanos hemos permitido que pase tanto tiempo sin reconocer la actividad singular de las parteras de nuestro pueblo? Que yo sepa, ninguna de las tres parteras que he mencionado en esta crónica, han sido objeto de algún homenaje o reconocimiento. El sólo hecho, de haber ofrecido su generosos brazos para recibir a tantas generaciones de “chicameros”, son pergaminos más que suficientes para otorgarle sin ambages tal reconocimiento a estas benditas mujeres; sin embargo, nunca es tarde para reparar tal olvido, que se tornaría en ingratitud supina si la obviamos adrede. Pedimos en consecuencia, que el alcalde del pueblo de Chicama, tome la iniciativa y repare tal olvido, reconociendo en sentido homenaje público la actividad profesional tan importante que cumplieron estas hoy envejecidas mujeres que acunaron en su regazo la llegada de la mayoría de "chicameros". Quién asi lo haga, sea recordado por las nuevas generaciones, como una autoridad justa y grata.

Es más, en esta reflexión, quiero proponer a quién corresponda o quién quiera asumir la iniciativa de proponerlo, de cambiar con resolución de alcaldía el nombre de la calle "Usquil", por el nombre de "Jesús de Mendoza", ya que en esta pequeña calle vive esta distinguida matrona, cuya actuación sobresaliente de partera, es reconocida por cientos de "chicameros" que se inclinan respetuosos al paso de esta venerable anciana, cuyos brazos amorosos, le dieron la bienvenida a la vida y cada ser, es más que razón suficiente para otorgarle el recuerdo de gratitud eterna de su pueblo. Reparación oportuna, que las viejas y  nuevas generaciones de "chicameros" aprobarán como una decisión  muy justa. Yo soy uno de ellos.   

Chimbote, Junio 21 de 1968
Publicada 1994: Diario "Últimas Noticias"
Revisada para blogger (JAPÓN - 30-20110915) Tochigi Ken